3 jul. 2017

LA PRIMAVERA EN EL AIRE

Y EL ARROYO QUE CANTA
Hoy he vistos la primavera 
en el aire y en los campos.
La primavera caminando 
por los senderos 
que van camino del mar, 
entre tomillo y romeros 
y atravesando el pinar

Las golondrinas del aire 
que vuelan sin saber, 
dónde sus nidos colgar
y hacen su vuelo rasante 
y me suelen acompañar 
cada tarde en mi paseo
cuando me acerco al mar.

He visto las nubes blancas 
creciendo 
haciéndome sombra al pasar 
y los campos florecidos 
y el alegre arroyo baja ajeno 
cantando toda su felicidad.

Hoy no era ese día 
que las noches son muy largas 
y son más largos los días.
Hoy no era el día 
con el que sueña las playas
por todo la algarabía
de la que son inundadas. 

Playas desiertas, 
solitarias arenas blancas, 
con palmeras que se bañan 
en sus aguas
y las estrellas bailan, 
cada noche bailan, bailan.

Sentado a la sombra de una acacia 
escuchó cantar al agua 
que baja por el arroyo 
sin detenerse por nada
y el croar de las ranas 
en el remanso oculto, 
el volar de mariposas y libélulas,
y los juncos reverenciar a la brisa 
cuando pasa y acaricia 
y los habla sin apenas decir nada.

Un ruiseñor que entre los mimbres 
y los sauces 
esconde su casa y se afana 
en cebar a su nidada. 
Sale, entra, nunca para.

Se me hizo tarde, el día se marchaba
el agua que nunca calla, 
los juncos, los mimbres los sauces 
a la brisa acompañan. 
La brisa en mi piel se acomoda.

El sol ya se había ocultado 
tras las nubes que marcan 
el fin de un horizonte 
donde la tierra se acaba 
y el sol se esconde.
La acacia ahora no está quieta 
tiembla, tiembla y no es por frío,
está muy emocionada 
de que el día se ha ido.

Y yo tomé el camino de mi casa,
en el campo quedo la primavera 
en el aire las golondrinas y los vencejos
que junto al arroyo volaban.
Las playas de arena blanca 
con sus palmeras que hablan 
el arroyo baja cantando, 
como si nada pasara.

30 jun. 2017

EL ROBLE SECO...

...AL BORDE DEL CAMINO.
El roble seco al borde del camino 
ya no da sombra, 
en él no cría ya el jilguero 
y se ausento de él la ágil comadreja 
aquella que tenía su cuartel 
escondido en una rama hueca.

Al roble lo recuerdo, 
con su frondosa copa, 
con su sombra tupida 
que refrescó mis siestas 
y me libro del pedrisco 
y fuertes aguaceros 
de más de una tormenta.

Al roble viejo al borde del camino 
acudían los niños de la escuela 
en tardes de merienda  
y bajo su sombra hacían 
sus alegres y entretenidos juegos 
y sus sencillas fiestas.
El roble les mostraba 
su tronco hermoso y recio 
y ufano se jactaba 
de su noble presencia. 
Su tronco les mostraba 
lleno de cicatrices 
y de heridas viejas, 
que un día hace ya muchos años 
el hacha, su enemiga a él
le infringiera.
El roble les mostraba 
sus elevadas ramas 
que al cielo elevaban 
plegarias de los árboles
a sus deidades 
cualquiera que ellas fueran.

Era en aquel entonces, 
el roble paraíso de las aves 
del campo 
que en él hacían sus nidos
ocultos en su floresta.

Aún se pueden ver 
en su tronco ya seco 
corazones grabados 
atravesados de flechas, 
recuerdos, 
de jóvenes enamorados 
que a su sombra un día 
amores se juraron.

La fuente que su sombra protegía 
para que su agua manase fresca. 
La fuente se secó cuando el roble murió. 
Dicen los viejos del lugar 
que se secó de pena y de amor 
de tanto, tanto llorar.

He vuelto triste a casa, 
el roble del borde del camino 
ha muerto, 
la fuente ya está seca, 
ya no tengo; a quien decir adiós 
cuando marche de nuevo 
hacia lejanas tierras. 

27 jun. 2017

EL VERANO HA REGRESADO

... MAS TÚ QUIZÁS NUNCA VUELVAS.
Hoy ha retornado el verano, 
aquel que un día se fue
por el sendero escondido
para más tarde volver.

El verano, de nuevo ha vuelto 
ha vuelto a recorrer los caminos,
esos caminos andados 
por los que un día los tres fuimos 
buscábamos nuestro destino.
Destino; 
que solo alguno encontramos
y que algunos lo perdimos.

Hoy, los caminos son los mismos, 
pero todo es muy distinto.
Los caminos están muy tristes, 
esos senderos perdidos 
entre montes y cortijos,
entre valles y barrancos
cubiertos por los quejigos,
por las zarzas y los espinos.

Senderos por los que 
muchos días fuimos, 
y otros tantos nos volvimos.

Los senderos son los mismos, 
con sus cambrones de espinos, 
con sus pinos que dan sombras, 
con sus almendros heridos,
con sus olivos sedientos 
con el polvo del camino 
cabalgando en sus hojas.

Los caminos son los mismos, 
pero otros son los sentimientos 
que caminan hoy conmigo.

El verano una vez más, 
ha regresado, 
pero esta vez tú con él, 
tú con él no has llegado.

La noche cae suavemente 
sobre la rada tranquila 
y una luna retraída 
se baña en sus aguas claras.
La luna no lleva enaguas, 
ni lleva bata de cola, 
cubre su cuerpo de plata 
con algas y caracolas, 
con estrellas de la mar 
y arenas de coral
y la luz de un gran fanal
que alumbra en la costa.

La luz de una farola 
que desde la atalaya alumbra 
ilumina a la luna solitaria
que se baña muy a solas 
en este mar de la calma.

Una palmera altanera 
que se recrea en la brisa 
que de Poniente le llega, 
respira y se deleita 
con aromas de otras tierras, 
tierras lejanas e ignotas 
de las que oyó hablar 
a las enormes ballenas
que lejos ve resoplar.

El verano ha retornado, 
mas tú con él no has llegado 
y quizás nunca más vuelvas 
aunque yo siga esperando.

14 jun. 2017

AQUEL NUESTRO...

...PARQUE
He vuelto al parque aquel 
donde por última vez te vi partir
para nunca más volver.
No, no volviste la cabeza no,
no miraste hacia atrás 
y seguiste tu camino 
sin volverte a mirar.

Yo sentado en el banco 
donde tanto nos amamos,
tan solo te vi partir, 
alejarte de mi lado.
Entre setos del jardín 
te fuiste difuminando.

Las sombras del caer de la tarde 
poco a poco se adueñaron 
de aquel nuestro triste parque.
La tarde caía rápidamente
caminando hacia adelaante.

La oscuridad con sus sombras
reinaba ya en el parque,
y yo quedé en la sombra 
sin saber si levantarme 
o llorar allí mis penas.

Las aves volvieron al dormidero 
y entre frondosos magnolios
se escuchaba la algarabía.
La alegría de gorriones 
de jilgueros de los tordos
al terminar otro día.

Las sombras del parque
se mostraban más cercanas
y con un gesto de cariño 
cubrió el rictus de mi cara.  

Una farola cercana 
me bañó con su luz generosa 
y me dijo con cariño que siempre; 
la luz supera a las sombras.

13 jun. 2017

LA MÚSICA TRISTE DEL ACORDEÓN

EL VIEJO MALECÓN.
En el malecón del puerto
donde alumbra un viejo farol 
que refleja su luz amarillenta 
en la mar que es novia del malecón. 
A lo lejos se escucha la música 
del triste lamento de un acordeón.

En las noches quietas en sus grandes rocas
duermen gaviotas esperando al sol.

La noche es tranquila, serena, muy quieta 
la música lejana del acordeón 
suena con desgana desgarrando las notas 
de una canción muy triste de amor.

Las parejas pasean del brazo 
por el solitario paseo de el malecón. 
Mientras el mar lo besa una vez y otra 
con mucha ternura, pasión y ardor.
Los jóvenes se abrazan se besa en la boca 
y con mucho mimo acarician los pétalos 
de una linda flor.

En el malecón al que el mar se lanza 
una vez y otra con tanto ardor 
duermen muy inquietas blancas gaviotas
posadas en sus grandes rocas 
esperando al sol.

Gaviotas que vienen de puertos lejanos 
siguiendo los barcos que vieron un día zarpar 
diciendo adiós a lejanos puertos
y a viejos faroles de otros malecones, 
de un lejano mar.
Miran hacia el mar con esa mirada 
del que tanto añora lo que dejo atrás.

El viejo farol del malecón sigue reflejando 
su luz amarillenta, su tibio calor 
en un mar tranquilo que una vez y otra 
besa el rostro pétreo de su duro amor.

La gaviota triste levanto su vuelo 
cruzo el resplandor de la luz del cielo 
y, del viejo farol.
El quedó muy solo en su malecón. 
Los enamorados también se marcharon 
con la luz del sol.  
A lo lejos se escucha la música del acordeón 
que llora las notas muy tristes, muy tristes,
de una canción de un desamor.

El mar una vez y otra se abraza 
al duro e impasible viejo malecón.
Amor imposible, no hay pasión, 

no hay chispa, ni tampoco ardor.