23 ago. 2016

YA ME OLVIDE DE TI...

... SIN ESPERARLO.
Me olvidé de ti, sin desearlo 
nunca creí poder vivir sin ti 
justo a mi lado.
Mas yo lo conseguí sin esperarlo. 
Deje pasar el tiempo 
sin mirar las hojas 
de un calendario.
Y ahora yo te recuerdo, 
como si fuese un sueño 
que un día lejano yo he soñado.

Ya no pienso en ti, 
ni en tus besos ni en tus caricias 
y mucho menos en tus abrazos.

Solo tan solo dejo pasar el tiempo 
sin recordarlo.

Sé que un día te quise 
como jamás nadie ha querido.
Sé que un día te amé 
como jamás nadie ha amado.
Sé que un día acaricié 
ese tu cuerpo terso, pulido
de puro ébano.

Sé que te olvidé porque dejé 
pasar los días sin contemplarlos.

Ahora yo deseo que pase el tiempo, 
como pasa el otoño, 
como llega el duro invierno 
como la tierra y los árboles 
duermen un sueño nuevo
que hacen que olviden 
todo el pasado.

Soy yo la tierra que ha invernado,
soy yo el árbol que ha olvidado.
soy la primavera que ha despertado
y trae con ella prados muy verdes
ríos cantando, flores muy bellas
aun en los cardos.
Soy un corazón nuevo capaz de amar
porque olvidó amores lejanos.

22 ago. 2016

LA TARDE

NO TE BUSQUÉ.
Te dije adiós,
mas no me acuerdo
de cuándo, ni dónde,
ni cómo fue. 
Solo, tan solo recuerdo 
que no fue ayer.

Te dije adiós 
y tú te fuiste para jamás, 
nunca jamás, jamás volver.

No te busqué en esas tardes
que se esconde entre las sombras 
y el sol que juega entre las hojas 
de los enfermos olmos de la ribera.

Esos álamos carcomidos 
llenos de cicatrices, de heridas viejas 
que cuentan años pasadas historias 
leyendas que antaño fueron 
cantadas por pueblos y aldeas.

Esos olmos que sus ramas son; 
las cuerdas inhiestas, tensas, 
de la gran arpa en la que suenan 
las sinfonías de las tardes oscuras 
de las noches negras.

Noches y tardes en que las brisas 
del Norte se acarician se abrazan, 
se frotan en las tensan cuerdas
de la gran arpa que canta y sueña.

No te busqué en las tardes aquellas,
las tardes ya se habían ido
se habían marchado estaban lejos, 
estaban fuera habían seguido 
al sol que se bañaba en las aguas quietas 
de aquel remanso en la ribera.

Las tardes no se encontraban
en el paseo de la alameda. 
Ese Paseo que con sus sombras
que con las brisas de la ribera 
dan un respiro a los ardores 
de esta tierra.

Ese paseo que se alarga
entre el puente de Hierro
y el viejo molino donde las piedras 
cantan canciones que son las quejas 
de esos granos que se hacen harina 
más tarde pan en el calor 
de las hogueras y visten mesas. 
El agua le hace los coros, 
tocan las palmas después se aleja.

Las sombras que ofrecen las ramas 
de los olmos al paseo donde 
se encuentran; 
el sol, la sombra, la brisa, el agua
molinos, piedras, grano y harina 
y las parejas que, amando, sueñan.

Ese paseo donde las hojas rilan, 
y a veces cantan 
las melodías de las riberas.
verdes de España.

Las sombras protegen 
a los enamorados que ríen, 
que hablan, que se acarician, 
se besan y en esos besos 
escriben sueños para el mañana.

No te busqué tú ya no estabas 
solo quedaba en el paseo letras grabadas 
en un corazón del tronco seco 
de un olmo viejo que se murió
mirando al Ebro que en silencio 
se alejaba.