26 mar. 2017

LA GAVIOTA HERIDA


SIN DECIR ADIÓS SE FUE.

Una tarde gris de primavera 
sentado en la quilla de una barca 
que varada en la arena esperaba. 
Esperaba una mar más bonancible 
que a ella permitiera cortar las olas, 
cazar la brisa de la mar,
jugar con la espuma de las olas
que acaricia la barca al navegar.

Estaba yo sentado en su quilla, 
mientras contemplaba el volar 
de una gaviota 
que para mí me era conocida 
y me recordaba a aquella que un día 
se posó en mi ventana estando herida.

Estaba yo sentado en la quilla 
de una barca que varada 
que en la orilla de la playa esperaba 
que la mar bravía se calmara.

La gaviota volaba, gritaba 
y de vez en cuando se posaba 
en la palmera que bailaba 
con la brisa de la mar 
que traía entre sus alas
fuertes olas.

No supe, ni quise reconocerla, 
no quise yo llamarla por si era, 
pero estoy seguro que ella era,
la gaviota herida que un día 
se posó en mi ventana y la curé, 
la alimenté 
y cuando estuvo restablecida, 
se fue sin decirme un adiós 
y en mí dejó ella una herida 
que nunca de sangrar dejó.

La playa estaba vacía, 
el mar estaba furioso, 
la barca en la arena varada 
al cielo muestra su quilla 
y la palmera bailaba 
con la brisa, con la brisa.

El sol se adentraba 
en las entrañas del mar, 
la oscuridad se hacía dueña 
de aquel vasto arenal, 
la gaviota seguía volando 
y gritando a la vez, 
mas yo no la hice caso 
y al final ella se fue.
Se fue volando hacia mar
para nunca más volver.

Sangrando sigue mi herida, 
por la gaviota herida 
que un día yo curé 
y ella sin más un día se fue 
y en mí se abrió esta herida 
que llevo en mi corazón
y soporto yo el dolor 
de aquella no despedida,
que en mi corazón dejó
aquella gaviota herida
que a mi ventana un día
ella herida llegó y un día 
sin decir adiós marchó.

A MIS COMPAÑERAS DE CAMINO


 A modo de introducción:
Todo el mundo sabe que a mí me gusta mucho caminar, que he hollado infinitos senderos y caminos unos conocidos y otros no tanto, he incluso he caminado por donde nunca hubo camino ni sendero por todos los rincones de España. Que los Caminos de Santiago no tienen ningún secreto para mí. (Sí, en plural, Los Caminos).
Muchos amigos y conocidos que me han acompañado en alguna de mis correrías, calzan sus pies con sofisticados y caros calzados con mil y virtud específicas para cada situación y camino. Yo, hace muchos años decidí comprarme siempre un calzado cómodo, ligero y lo más importante barato que no me doliese el desprenderme de él una vez cumplida su misión. Que me doliese sí el desprenderme de él, por lo bien y cómodo que hubiesen calzado mis pies en el tiempo de su utilización.
Una de las razones de esta decisión es porque, las suelas de los calzados que duran mucho, se vuelven dura (yo digo que se acristalan) y pierden el agarre sobre el suelo y resbalan produciendo más de una caída tanto en los suelos duros de piedra y roca, como en los suelos de graba suelta.
Hasta ahora, siempre he tenido suerte con este tipo de calzado y siempre, cuando ya no pueden dar un paso más y tengo que desprenderme de él me resisto, hasta que ya me es imposible seguir con ellos en mis pies.
Ahora me he desprendido de un par de zapatillas que han caminado conmigo muchos, muchos kilómetros de sendero y caminos y nunca he tenido una sola rozadura, ampolla o dolor en mis pies.
JUNTOS.

Juntos, hemos conocido lugares 
que jamás han existido 
en los mapas ni en los libros.
Hemos hollamos caminos 
que han sido tuyos y míos,
porque solo caminábamos 
con la vista en el horizonte 
que se encontraba perdido,
en los páramos desabrigos,
en esos valles tan verdes
y en los montes tan perdidos.

Juntos, hemos caminado a solas 
en noches de plenilunios,
pernoctamos en hoteles 
por mil estrellas elegidos 
en noches de agosto y julio 
y en los días de tormentas 
en que los caminos son ríos, 
siempre fuimos adelante, 
nunca fui jamás vencido 
si vos venias conmigo.

Caminamos de la mano 
por esos largos caminos 
que llegan alguna parte
que nunca saber quisimos,
pues no era nuestra meta
quedarnos en ningún sitio, 
aunque gustarnos hubiera.
Nuestra meta siempre fue, 
seguir, seguir caminando 
hasta el final del camino,
y mirar hacia adelante
para encontrar otro camino
que llegase alguna parte.

Orgulloso me sentía 
de que vinieseis conmigo, 
de que fueseis una parte de mí, 
en el más amplio sentido 
y en las noches que dormimos 
bajo un cielo de estrellas, 
alumbrados, 
por esa luna tan bella, 
tú fuiste mi cabezal 
donde posé mi cabeza 
para así poder soñar 
con ese mundo final 
donde todos los caminos, 
tuviesen sus caminantes 
y cada uno un destino 
que le llevase al final 
de su Camino, 
ese camino;
que está en alguna parte.

Una vez más; 
tuvimos que separarnos 
yo seguí por mi camino tú; 
ya habías encontrado tu destino.
Quizás, tal vez nos encontremos 
otra vez en el Camino.