17 dic. 2009

A MI MADRE. (17 dic 1920)

RECUERDOS Y AÑORANZAS.

¡Ay madre!
Anoche yo me desperté llorando,
pues me cuesta recordar
el rostro que tanto amo.
¡Ay madre!
Se me están olvidando
los recuerdos; tus recuerdos,
con el pasar de los años.

Apenas si hoy recuerdo
aquellos ojos castaños
brillando cual dos luceros
en las noches de verano.
Se me está olvidando madre;
el jugar de tus cabellos
negros como azabache
con la brisa del ocaso.
Y tu sonrisa madre; esa sonrisa;
mi ilusión de tantos años
ya apenas si la recuerdo
aunque lo intento y lo intento,
ya no es, como hace años.
Y aquel tu rostro moreno,
rostro casi aceitunado
curtido por el viento y por el sol
de los días de verano.
Ese tu rostro madre; tu rostro,
para mi tan venerado.
Y tu cuerpo de gitana,
cuerpo de mujer del agro.
Ese cuerpo de extremeña
que en él encerrabas tanto.
Encerrabas tú en él,
lo que yo sigo añorando.
Un corazón y un alma para amar,
unos ojos para mirar,
como nadie me ha mirado.

Solo yo ya te recuerdo; madre;
tras la ventana mirando,
en otoño cuando llueve
y el viento se va llevando
las hojas muertas caídas
de olmos y de castaño.
Y en invierno mis recuerdos
te ven mirando madre;
el caer copos de nieve
en los montes, en olivares y prados.
En primavera mirabas madre;
la yerba verde del prado
y escuchabas embelesada
entre las ramas de un olmo,
verderones y jilgueros
guardar con su trinar melodioso,
los nidos que están colgando.
En verano tú veías, madre;
que el trigo se iba dorando
y observabas tú mis juegos,
como reía y gritaba,
y escuchabas tú mis llantos
y mi correr hacia ti
con mis bracitos en alto.

Madre;
que te me vas velando en mis recuerdos
cual las pavesas de un fuego que han salido volando
y yo no quiero olvidarte, pues para mi eres tú;
mis recuerdos de niñez, mi consuelo en los años.
Eres mi protección en mi caminar de cada día,
eres mi consejera, mi amiga...
Eres tú madre querida; la felicidad de antaño.

Yo madre; para recordar tu rostro
miro un cuadro colgado
y busco en mis recuerdos
los rasgo de ti pintados,
pues te fuiste para siempre
cuando yo era un muchacho.

¡Ay! Madre, que no quiero yo olvidarte
con el pasar de los años.

Y recuerdo, porque recordar es sano,
la dulzura y la pasión de tus besos,
la suavidad de tus caricias,
la intensidad de tus abrazos…
Y recuerdo la delicadeza de tus manos
cuando lavabas mí cuerpo
en las noches de los sábados.
Eran tus manos suaves,
olían, a los aromas del campo
aunque estuvieran cubiertas,
por callos y por arañazos.
Siempre fueron;
muy tiernos y muy suaves
tus caricias y tus halagos.

Y recuerdo haberte visto
a escondida llorando,
pues eran tiempos muy malos.
Recuerdo, como limpiabas tus lágrimas
y corrías abrazarnos.

Madre, que no quiero que se borren
esos recuerdos de antaño,
que los miro con cariño
y los tengo bien guardados.

Madre, que no quiero que se borre de mi mente,
ese; tu rostro encantado, ni tus cabellos al viento,
ni tu cuerpo de mujer que ha nacido en el campo.
Que yo los quiero, los quiero
en mi corazón de niño
guardado y bien guardado,
con el amor añorado.
Para mí siempre eres joven
y yo un niño a tu lado.
Que jamás desde aquel día
para ti, yo cumplí años.

¡Ay! Madre, anoche me desperté
y me desperté llorando
pues no encontraba tu rostros
en mis recuerdos guardado.

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