30 ene. 2010

AMORES IMPOSIBLES

EL ALISO Y LA BRISA

Luz de luna, noche clara
que cantan las caracolas
y croan en el estanque de las ranas.
El aliso se estremece
cuando la brisa lo pasa.
Y se estremece de amor,
pues la brisa no se para.
La brisa es casquivana,
es vehemente,
es mundana
y pasa junto al aliso
y nunca, nunca jamás;
le dirige una mirada.
Mirada de amor,
tierna mirada,
esa mirada que solo,
sólo el amor es capaz de ejercitarla.

El aliso sigue inquieto,
contempla corre el agua,
de un lozano arroyuelo
que con su risa acompaña,
el volar de las libélulas
y al ruiseñor cuando canta.

Sus hojas miran al sol
que se levanta al alba
y recorre su camino
hasta que la tarde pasa
y llega la noche oscura,
noche de brujas y hadas,
noche en que las horas son:
largas, eternas e insanas,
cuando estas solo en tu cama
y sueñas con tu amada.

El invierno ha llegado
y con él llegaron juntas;
las nieves y las escarchas.
El aliso con el frío ha perdido
su distinción y prestancia,
sus ramas encanecieron
y ensancharon sus entradas
y el tiempo ha transcurrido
esperando, un amor sin esperanza.

El aliso espera la primavera,
primavera perezosa.
Primavera lenta, tarda,
primaveras demoradas,
que siempre llegan a deshoras.

Cuando se espera el amor,
el amor que no se alcanza
este demora su entrada,
y su hora siempre aplaza.

Primaveras que no llegan,
que según llegan se escapan.
El aliso en primavera viste
con todas sus nuevas galas
y espera impaciente a la brisa,
inalcanzable, lejana...

Una vez más,
al atardecer y al alba,
la brisa cruza entre el aliso,
mueve sus hojas de plata
y él espera impaciente,
de la brisa una mirada.
La brisa cruzó de largo
se olvido que la esperaban
no retornó hasta el alba,
cuando el aliso lloraba.
El aliso, llora y llora
porque su amor no lo ama.

Nunca te enamores tú,
de los luceros del alba,
que aman a las estrellas,
que a los soles y las brisas,
difícil es; enamorarlas.

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