17 ene. 2010

A LOS ÁRBOLES

Nota: Si alguien me conoce un poco, aunque creo que no tengo muchas dobleces y eso es siempre bueno para conocer un poco a las personas. Digo, que si alguien me conoce un poco, son: los caminos, los senderos, las trochas, los montes, los ríos, los lagos, el mar y un largo etc. Pero quizás irónicamente, quienes más me conocen, son; los árboles. Los árboles, esos seres maravillosos vegetales a los que yo tanto quiero, tanto admiro y nunca jamás dejan de asombrarme. Yo no tengo el saber, ni tampoco la elocuencia para hacerles un alegato o una disertación en su defensa o a modo de homenaje. Por ello, con mi torpeza, pero con todo mi cariño les he escrito unos versos para todos y cada uno de ellos a modo de humilde homenaje, por todo lo que me han dado. Me han dado sombra, me han dado de comer, me han protegido de la lluvia, del frío, del viento, de la nieve, me han proporcionado madera para el fuego, madera para muebles para puertas y ventanas con las que proteger mi hogar, madera para hacer los ataúdes para enterrar a mis seres queridos, he dormido muchas noches bajo la protección de sus frondosas copas, acompañando a búhos, autillos, lechuzas y cárabos, cuando yo era un niño y también siendo un jovenzuelo con muchos sueños en mi cabeza, donde quizás hubiese algo más que esos sueños. En esas largas noches y no sin un poco de miedo, yo soñaba, como quería que fuese mi futuro más próximo. Mucho de lo que soñé en esas noches de verano bajo el longevo fresno de Gargantacha, se ha cumplido, otros muchos no; y quizás no se cumplieron porque quizás fuesen, una utopía y las utopías no dejan de ser unos hermosos sueños en el mejor de los casos, en el peor de ellos, solo son quimeras.
Yo he oído la melódica música de la brisa tocada por las cuerdas del arpa que son las desnudas ramas de los árboles caducifolios en el invierno en el bosque, he escuchado sonar la nerviosa sonaja de las hojas casi secas de los árboles con las brisas del otoño, bajo un árbol di mi primer y casto beso de "amor". Y lo más importante, los árboles, me proporciona el oxígeno vital, para seguir respirando cada día entre otras muchas cosas. Los árboles son: belleza, poderío, dulzura, generosidad...

A MIS AMIGOS LOS ÁRBOLES.
Sereno es el roble, frondoso y macizo,
generoso y tímido se muestra escondido.
Dulce es el sauce, meloso, sumiso,
apuesto, y a la vez galante
presumido y casi hasta altivo.
Opulento y rico es el verde olivo
que da al hombre, más de lo pedido.
Severa es la encina, no quiere remilgos
y en las vastas dehesas el solio es su sitio.
El haya al bosque lo hace distinguido
y en la primavera se vierte en el sitio.
Vierte todo el verde lo vuelve sombrío,
el verde, es su verde suave, bonito.
El haya en otoño, al bosque le da ese brillo,
brillo de oro viejo con tonos escarlata,
colores cobrizos, amarillos tibios.
Hermoso es el cerezo sus flores y frutos
y también lo es, hermoso y humilde,
sumiso es; el infeliz guindo.
El chopo austero, alineado y fino
siempre acompaña el correr del agua
hasta su destino.
El fresno y sus ramas son un buen cobijo
de aves canoras para con sus nidos.
Es el verde acebo árbol protegido
y bien se protege el sagaz ladino.
Se protege él, con sus propias hojas
vueltas en espinos, para no ser comido.
Y el enebro viejo en campos perdidos
son para los hombres antiguos testigos
de tiempos pasados. Tiempos, de otros ciclos.
Qué bonitos son; los viejos robledales
que cuentan ya siglos en sus cicatrices
recuerdos de tiempos pasados,
corridos hay siglos.
Hay árboles que son más románticos,
árboles singulares, árboles que son únicos.

Árboles que son los guardianes
de lindas glorietas, de parques bonitos.
Árboles, con cuyas hoja, dan sombra y cobijo.
Tales son los cedros, los olmos, negrillos,
álamos y acacias y castaños indios.
Con sus ramas largas buscan ese guiño
de un sol del invierno que está aterido
y ellos de ese sol esperan; caricias y mimos.
Verdes olivares, generosos ricos
verde es su color y oro es su jugo.
Campos andaluces por ellos tendidos
en suaves lomas se encuentran dormidos
olivares viejos, de verdes supinos
fuentes de oro fino, oleoso y ricos.
La reina en la dehesa es la encina añeja
que ocupa su sitio, mientras el alcornoque
se encuentra remiso, no mirar de frente,
pues es el alcornoque es un árbol tímido.
Dehesas extremeñas con prados adustos,
montes del Norte donde crece el roble,
acebos y hayas, serbales y pinos
Un monte sin árboles, es un eufemismo
pues el monte es; del árbol su sitio.
Que perfecta obra es una vieja encina,
el roble, el fresno, el haya, el olivo,
la anciana sabina, el sauce, el mirto,
como cualquier árbol que esté, en su sitio.

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