23 mar. 2010

A TODOS AQUELLOS QUE HAN DEJADO SU VIDA EN LA CARRETERA

Hay una cosa que siempre ha llamado mi atención y esta es; que cuando me desplazo del Norte al Sur a pasar una temporada y cojo mi inseparable amiga la bicicleta, mientras devoro kilómetros por carretera observo, con tristeza que cada año al borde de la carretera hay más y más nuevos motivos que me dicen que en ese punto ha perdido la vida una o más personas. Y la verdad es que no lo entiendo, pues no son estos puntos los conocido, como puntos negros. Hoy día esta es una carretera que ha perdido mucho tráfico ya que hace algún tiempo, existe una autovía paralela a la misma que la descarga del trafico fuerte, por otra parte, se entiende, que los que circulamos por ella es para desplazamientos muy corto y casi siempre para ir a calas y playas que suelen estar casi vacías. Aunque también, he visto con tristeza que estas carreteras con buen firme y muy sinuosas, como son las de la costa, las suelen utilizar motoristas imprudentes y desaprensivos los sábados y domingos para hacer carreras libres entre ellos, tanto es así, que hay fines de semana que en un tramo de unos 11 kilómetros, hay dos radares móviles y un helicóptero para evitar esa peligrosas competiciones y no solo para ellos, sino también para los que utilizamos estas vías para nuestros desplazamientos más o menos deportivos sin molestar ni poner en peligro a nadie.
Sea como sea, considero que casi todas estas muertes son inútiles y están vacías de sentido y de contenidos.
AL BORDE DE LOS CAMINOS

Hoy he visto en los bordes de los caminos,
caminos perpetuos y prolongados
y a la vez extensos y dilatados caminos.
Esos caminos que visten de negro
asfalto, con brillos acharolados.

Caminos que no andan
los hoscos caminantes,
ni penitentes romeros,
ni cansados palmeros,
ni peregrinos errantes.

Caminos que por caminar caminan,
siempre hacia el final destino.
Caminos que son hollados
por muchos que no han sabido

por qué buscan con ansias
ese imprevisto destino.

Caminos indefinidos.
Camino por el cual muchos,
no alcanzaran su destino.

He visto al borde de estos caminos
cruces de hierro oxidadas
otras vestidas con brillos,
algunas muy adornadas,
laudas de piedras talladas,
ramos de flores marchitos,
tristes coronas que evocan
a los que ya se han ido.

He visto crespones negros,
de lutos serios vestidos
y ojos que son manantiales
de amargos lloros; amargos
por esos seres queridos.

He vistos sobre el oscuro asfalto
satinados por rojos brillos
montoneras de chatarra
y hierros muy retorcidos,
charcos rojos de la sangre
de los muchos fallecidos
y betunes que enrojecen
con la vida que se ha ido
por esas fuente que manan
trozos vida marchitos.

A cada paso que he dado,
por estos largos caminos,
he encontrado motivos
que me recuerdan que vivo,
y a los muchos que murieron
sin saber nunca el motivo.

Me he sentido yo perdido
al ver que estos motivos
en vez de mermar crecieron
imprudencias, sin sentidos...

Que no se pinte de rojo
jamás otro camino
por la sangre derramada
por los muchos sin sentido.

Muertes inútiles,
vidas que se han perdido
en las curvas y las rectas
de estos oscuros caminos.

No quiero, que yo no quiero
ver al borde del camino,
cruces de hierro oxidado
y mucho menos con brillo,
ni ramos de flores secas,
ni coronas del olvido.

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