15 abr. 2010

PUBERTAD

NÚBIL

Aquella niña tan fea,
con sus trenzas enredadas,
sus pecas que la afeaban,
su cuerpo tan desgarbado
desde los hombros a la tierra.
Aquella niña tan fea,
que me hacía tantas muecas
y me sacaba su lengua.

Cuando paso del inverno
de su quince primavera
se transformó la crisálida
en mariposa muy bella.

Metamorfosis.
Ocultos por tus dorados cabellos
con los que la brisa juega
hay dos luceros dormidos
más lindos que las estrellas.

Ojos azules verdosos,
ojos alegres de estrellas
cual es la lluvia inocente
del chubasco en primavera.
Ojos despiertos, brillantes,
que apenas si pestañean.
Ojos que miran de frente,
como miran las panteras.
Ojos que dicen verdades
cuando te miran de cerca.
Ojos que remedan los cielos
donde viven las estrellas.
Ojos que son Mare Nostrum,
con esas olas tan quietas,
que se deslizan en silencio
y se esconden en la arena
con un sinfín de burbujas
caprichosas, silenciosas,
chispeando e inquietas
en una cala desierta.

Casi ocultos por esos lindos cabellos
rubios, cual es el oro en la veta
donde se peinan las estrellas
están tus ojos azules verdosos,
del color de las turquesas.

Sobre ti; has colocado un vestido
que se ciñe a tus caderas
y me revela tu cuerpo,
cuerpo de diosa y palmera.

Bajo una blusa de gasa,
suave cual primaveras
han florecido dos nardos
y se adivinan sorpresas.

En tu cuerpo núbil de niña
donde no han caído las hojas
del calendario que marca
la vida que se va
y la vida que nos queda,
hace tiempo que surgieron
curvas de diosas helénicas.

Es tu rostro de ángel bello,
de un serafín de la gloria
con dos claveles pintados
y un fresón rojo en tu boca.

Labios carnosos que incitan,
envidia de las cerezas
y tus dientes de marfil
hacen oscuras a las perlas.

Corazón de niña buena,
con cuerpo que cumple años,
y se descubre en el tiempo
de un invierno que ha pasado
y; de una nueva primavera
que a tu puerta está llamando.

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