25 oct. 2011

A MIS PADRES



RECUERDOS, RECUERDOS, RECUERDOS...


Una noche en que dormía abrazado a mi almohada
acariciado mi cuerpo por el calor de mis sábanas, 
en la penumbra de mi alcoba y en la paz de mi casa
en sueños yo recordaba, a mis padres.
Padres que a mi faltaban. 
Ellos, que marcharon hace tiempo.
Ellos, que hace años me dejaran.

Recuerdos, melancolías, nostalgias y 
añoranzas de otros tiempos. 
De aquellos días pasados cuando mi madre 
con tanto amor me abrazaba.
Recuerdo que olía a tomillo a romero y albahaca, 
olía a campo extremeño, olía a sol y agua clara.
Aromas de mujer forjada en esos campos de España,
en los días soleados cuando el sol quema y abrasa,
con las lluvias del otoño que cambian el panorama, 
en alegres primaveras, primaveras siempre tardas,
en la furia de tormentas cuando las nubes nos hablan, 
en las noches muy serenas, noches claras estrelladas.

En el silencio de mi alcoba, donde los sueños se fraguan 
yo percibo los aromas que a mi madre evocaban, 
tomillo, romero, madreselva, lavanda, sol y estrellas,
luna y agua, nubes negras, nubes blancas...

Como recuerdo esos tiempos en que los días pasaban
entre caricias y mimos agarrado aquellas faldas.
Mujer morena y bonita serena cual alborada.
Se marchó siendo yo un niño cuando el invierno campaba
por los campos extremeños cubriéndolos con la escarcha.
Apenas me dijo adiós, quizás no quiso, no quiso que yo llorara. 
Pero la sigo llorando en el silencio y en el silencio;
mi madre a mí me habla.
  
Se marchó sola muy sola, un día de Enero, no recuerdo si nevaba.

También recuerdo a mi padre qué conmigo siempre habla.
Hombre sereno del agro, honrado y extremeño de palabra.
Como añoro aquel tiempo que junto a él trabajaba.
Lo hacíamos de sol a sol, en esas vastas besanas
en que se pierde la vista, en que el día da pa nada.

Yo recuerdo sus consejos, cada una de sus palabras,
con que templanza mantuvo la unión de nuestra familia
el bienestar de la casa, cuando mi madre se fue después
de aquella larga dolencia, que la vida le costara.

Cuanto añoro a mis padres después de tantos años pasados
aún recuerdo bien sus caras, sus voces y sus sonrisas,
sus consejos, sus palabras, su bien hacer y su amor
para con ellos y cuanto los rodeaban.

Recuerdo, que eran años de miseria, recuerdo que el pan escaseaba,
pero lo que bien recuerdo, que nadie que a su puerta llamó
de vacío se marchara.

Recuerdo y añoro a mis padres que un día me dejaran,
con ellos cada día yo converso en el silencio; en mi casa.

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