23 oct 2022

SEIS jornadas EN LA VÍA DE LA PLATA.

 

Ante nosotros, 
un camino se va abriendo 
y un horizonte se aleja.
Un camino que no siempre
tiene bien definido su inicio,
pero si, siempre una meta.
 
Nuestros pies, 
el camino van hollando,
otras veces son;
 

las ruedas de bicicletas 

que el camino van pisando.

 
A veces, el camino no es camino,
es agua, barro, arenas, guijarros...
abrojos que te desgarran las piernas,
bajadas en que repones tus fuerzas, 
subidas, que te colman de cansancio. 
Calor, frio, lluvia, nieve, vientos...

Soledades con los cuales 

tú en un principio no cuentas. 
 
Otras veces el camino,

tan solo es una cicatriz
que se esconde entre las hierbas,
que dan verdor a los valles,

entre las agreste sierras. 
Cicatrices que aplastas

con tus pies y dejas huella.

El camino otras veces es silencio, 

en lo profundo del bosque
donde dicen que habitan 
las enigmáticas meigas.
Otras veces es un collado 

en lo alto de la línea divisoria 
de una escarpada sierra

que dominando dos valles

con ambos sueña.

 
Pero siempre el camino 

el camino se acompaña, 
por las amarillas flechas
que tu rumbo van marcando. 
Ellas son; nuestras guías

y más fieles compañeras.
 
Camino largo camino, 
que siempre estás a la espera 
del sufrido peregrino
que su llegada demora. 

Su tardanza, su cansancio

y a ti nunca te incomodan.

 
Amigos, compañeros de camino.
Son: La Vía de la Plata y aquel, 
que hace ya tiempo que,

en otros caminos sueña

los que a nosotros esperan,
en Pico de la Dueña 
y en esos nuevos miliarios
que nuestro andar contemplan

hacia la luz de una estrella. 23-X-2022


 

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