SEIS jornadas EN LA
VÍA DE LA PLATA.
Ante nosotros,
un camino se va abriendo
y un horizonte se aleja.
Un camino que no siempre
tiene bien definido su inicio,
pero si, siempre una meta.
Nuestros pies,
el camino van hollando,
otras veces son;
las ruedas de bicicletas
que el camino van pisando.
A veces, el camino no es camino,
es agua, barro, arenas, guijarros...
abrojos que te desgarran las piernas,
bajadas en que repones tus fuerzas,
subidas, que te colman de cansancio.
Calor, frio, lluvia, nieve, vientos...
Soledades con los cuales
tú en un principio no cuentas.
Otras veces el camino,
tan solo es una cicatriz
que se esconde entre las hierbas,
que dan verdor a los valles,
entre las agreste sierras.
Cicatrices que aplastas
con tus pies y dejas huella.
El camino otras veces es silencio,
en lo profundo del bosque
donde dicen que habitan
las enigmáticas meigas.
Otras veces es un collado
en lo alto de la línea divisoria
de una escarpada sierra
que dominando dos valles
con ambos sueña.
Pero siempre el camino
el camino se acompaña,
por las amarillas flechas
que tu rumbo van marcando.
Ellas son; nuestras guías
y más fieles compañeras.
Camino largo camino,
que siempre estás a la espera
del sufrido peregrino
que su llegada demora.
Su tardanza, su cansancio
y a ti nunca te incomodan.
Amigos, compañeros de camino.
Son: La Vía de la Plata y aquel,
que hace ya tiempo que,
en otros caminos sueña
los que a nosotros esperan,
en Pico de la Dueña
y en esos nuevos miliarios
que nuestro andar contemplan
hacia la luz de una estrella. 23-X-2022

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