EL VIEJO
OLIVO.
(A mi padre)
Olivo viejo, retorcido
arrugado y seco.
Abatido por un rayo
piadoso y justiciero.
Olivo viejo;
hoy semienterrado y olvidado
en un recodo angosto
de un polvoriento sendero.
Añoso olivo;
Fue el pasar del tiempo
quien dejó en ti sus huellas.
Y profundas cicatrices,
dejaron tus recuerdos.
Viejo olivo:
De tus retorcidas ramas,
hace ya mucho tiempo
que el fruto se ausentara.
Ese mismo fruto que antaño
cual millares de estrellas
chispeantes jugaban en tus ramas.
Te dejaron muy solo;
las aves se alejaron,
olvidaron tus ramas.
Ya no trina en tu copa
el jilguero que anuncia
la alegre alborada.
Ya aquel solitario
y noctámbulo búho,
aquel que tanto ululaba
se fue buscando otro olivo,
con más frondosas ramas.
Aquellos tus retoños,
aquellos que a tu tronco crecían
y de ti se alimentaban,
también te abandonaron
sin volver la mirada.
Ya no te envaneces
de tus frondosas ramas,
de tu robusto tronco,
del fruto que cada año
en otoño mostrabas.
Olivo añoso de nudos lleno,
de secas ramas de tronco hueco.
Son las heridas de tantos años,
de tantos sueños que se incumplieron.
Son cicatrices de tus recuerdos,
Recuerdos; de largos veranos,
veranos secos.
Tristes otoños de sufrimientos.
Fríos inviernos que de tus frutos
te desprendieron.
De primaveras llegadas siempre
muy a destiempo.
En tu tronco fuerte,
rugoso, viejo, a golpe de hacha
la historia, se fue escribiendo.
Viejo olivo, caduco, enfermo,
hoy ya olvidado por tu avaro dueño.
Dónde están esos días,
que tanto te exprimieron.
Dónde tus cosechas
que rico lo hicieron.
Dónde esas primaveras
en que aves cantoras
desde tus ramas hacían
los días más cortos
y el duro trabajo más llevadero.
Dónde esas tardes
que a tu sombra fresca
siesta se durmieron.
Dónde está tu abono,
dónde están tus riegos,
donde están tus podas,
para seguir viviendo.
Hoy apenas miran hacia tu terreno.
Aquel lugar donde yaces caído,
olvidado y triste, donde yaces muerto.
Ya no le eres útil al ruin usurero,
ya sacó de ti, todo su provecho.
Un día un rayo compasivo,
misericordioso y bueno
te convirtió en astillas
con su hacha de fuego.
Acabó de un golpe
con tus sufrimientos
Tu orgullo de olivo viejo,
no te permitía mendigar cariño,
ni pedir remedios.
Tú mi viejo olivo quedaste tendido
junto aquel sendero,
rodeado de jóvenes olivos
que elevan sus ramas cargadas
de flores y frutos, ofrendas del cielo.
Tu seca madera quedo olvidada,
no la recogió nadie,
no la quemó el fuego,
abonó la tierra para que otros olivos,
continúen viviendo.
(A mi padre)
Olivo viejo, retorcido
arrugado y seco.
Abatido por un rayo
piadoso y justiciero.
Olivo viejo;
hoy semienterrado y olvidado
en un recodo angosto
de un polvoriento sendero.
Añoso olivo;
Fue el pasar del tiempo
quien dejó en ti sus huellas.
Y profundas cicatrices,
dejaron tus recuerdos.
Viejo olivo:
De tus retorcidas ramas,
hace ya mucho tiempo
que el fruto se ausentara.
Ese mismo fruto que antaño
cual millares de estrellas
chispeantes jugaban en tus ramas.
Te dejaron muy solo;
las aves se alejaron,
olvidaron tus ramas.
Ya no trina en tu copa
el jilguero que anuncia
la alegre alborada.
Ya aquel solitario
y noctámbulo búho,
aquel que tanto ululaba
se fue buscando otro olivo,
con más frondosas ramas.
Aquellos tus retoños,
aquellos que a tu tronco crecían
y de ti se alimentaban,
también te abandonaron
sin volver la mirada.
Ya no te envaneces
de tus frondosas ramas,
de tu robusto tronco,
del fruto que cada año
en otoño mostrabas.
Olivo añoso de nudos lleno,
de secas ramas de tronco hueco.
Son las heridas de tantos años,
de tantos sueños que se incumplieron.
Son cicatrices de tus recuerdos,
Recuerdos; de largos veranos,
veranos secos.
Tristes otoños de sufrimientos.
Fríos inviernos que de tus frutos
te desprendieron.
De primaveras llegadas siempre
muy a destiempo.
En tu tronco fuerte,
rugoso, viejo, a golpe de hacha
la historia, se fue escribiendo.
Viejo olivo, caduco, enfermo,
hoy ya olvidado por tu avaro dueño.
Dónde están esos días,
que tanto te exprimieron.
Dónde tus cosechas
que rico lo hicieron.
Dónde esas primaveras
en que aves cantoras
desde tus ramas hacían
los días más cortos
y el duro trabajo más llevadero.
Dónde esas tardes
que a tu sombra fresca
siesta se durmieron.
Dónde está tu abono,
dónde están tus riegos,
donde están tus podas,
para seguir viviendo.
Hoy apenas miran hacia tu terreno.
Aquel lugar donde yaces caído,
olvidado y triste, donde yaces muerto.
Ya no le eres útil al ruin usurero,
ya sacó de ti, todo su provecho.
Un día un rayo compasivo,
misericordioso y bueno
te convirtió en astillas
con su hacha de fuego.
Acabó de un golpe
con tus sufrimientos
Tu orgullo de olivo viejo,
no te permitía mendigar cariño,
ni pedir remedios.
Tú mi viejo olivo quedaste tendido
junto aquel sendero,
rodeado de jóvenes olivos
que elevan sus ramas cargadas
de flores y frutos, ofrendas del cielo.
Tu seca madera quedo olvidada,
no la recogió nadie,
no la quemó el fuego,
abonó la tierra para que otros olivos,
continúen viviendo.

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