13 dic 2005

OCASO

Este bonito árbol es de Braga (Portugal)

OCASO

 

Ya los milenarios castaños perdieron sus joyas,
perdieron su manto.
Ya el sol de otoño ha perdido su brillo
y se ha vuelto opaco.
Ya la boira ocupa todito el espacio,
esa niebla tranquila y calmosa que nunca
permite que en ella penetre un rayo del astro.
Ya los chopos a la orilla del río
perdieron su encanto,
y en sus troncos desnudos
enseñan mensajes secretos de enamorados.
Los olmos desnudos de la alameda,
se encuentran vestidos cual espantapájaros.
Y no canta en ellos el jilguero,
ni el ruiseñor se envanece
mostrando a la hembra su encanto.
Y mi pueblo se ve tan triste y vacío,
que ha perdido alegría y su desparpajo.
Si lo observas desde cerro del Muerto,
parece lo mismo que las carboneras
en medio del bosque,
cada casa con una gran humera,
cada casa con un gran penacho.
Las canales de sus alineados tejados,
ayer tan secas, tan rojas, tan ásperas,
hoy son cual ojos de pobre viuda
que va caminando tras el féretro
del ser querido hacia el Camposanto.
Las calles vacías;
no se ven chavales que jueguen al marro,
ni ropa tendida en las solaneras,
esperando que la bambolee
el viento del Norte o el viento solano,
esperando que las devuelva
su blancura perdida de antaño,
los rayos del sol, como hace en la primavera,
también en verano el divino astro.
No se ven amapolas en la vasta besana,
y el tomillo y la jara perdieron su tono encantando.
Solo se barrunta en la espesa bruma
a lo lejos del dilatado horizonte pardo,
se ve una sombra que va encorvada
tras el lento arado.
Será, será esto; acaso el ocaso.

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