
LA LUNA Y EL ALBA
Dicen que se fue la luna,
cuando despuntaba el alba.
Y yo no la pude ver
desde mi cárcel dorada.
Lucero de la mañana.
Dime si es que tú la viste.
¿Si llevaba bata blanca.?
Dile, dile que me espere.
Que me espere,
que yo quiero visitarla.
La luna marchó muy sola
cuando llegó la mañana
y yo me quedé dormido
prisionero de mi jaula.
Me dicen; que es que no quiere,
que bese su piel de nácar; el sol.
Ni encontrarse a solas
con el alba en la alborada.
Que no quieren ya sus padres,
que bese su piel el agua.
Gitano, tú que cabalgas,
entre dehesas y olivares,
naranjos de vegas llanas.
Galopas, por caminos polvorientos,
por callejas inundadas;
Viste tú mi luna verde;
vistes tú mi luna blanca.
Hablaste quizás con ella.
Te dijo que me esperaba.
Me han dicho que es tan bella,
que tiene la piel de ámbar.
Que siempre sonríe al viento,
con su boquita de rosa,
sus dientes de perla y nácar.
Gitano, si tú la ves dile;
que no se marche al alba,
que yo la visitaré
en cuanto mi jaula abran.
Mi jaula la abre el sol;
el sol de cada mañana.
Gitano que tú cabalgas,
entre dehesas y olivares
montando tu jaca blanca.
Llevas el rostro al viento
con tu melena en la cara.
Llevas pantalón negro,
camisa de hilo blanca,
cubres tu testa con fieltro
y en tu mano fina vara.
Vara de mimbre muy joven
que cortaste en la ribera
antes de rayar el alba.
Dile gitano, por Dios;
dile, a la luna sin falta,
que me espere, que me espere,
cuando el alba se vaya.
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