30 ago. 2009

EL VELERO Y LA PALMERA

Amanece en Cerro Gordo.
ENAMORADOS DE...

Las arenas del desierto,
el reino de las palmeras.
Las rocas del arrecife
donde se arrojan las olas
son el ara de la espuma
de un dios que no quiere sombras.

Océanos que se mecen
al ritmo de las mareas,
vientos; que tejen alfombras
de sueños con nácar de caracolas.
Palmeras que aman vientos
que con ellas se recrean.
¡Una ola y tras ella, otra y otra!

El mar se arroja a la playa
pretendiendo poseerla
y cuando la arena es suya;
nunca se queda con ella.
Diciéndola adiós; se aleja.

Existe un horizonte lejano
que nunca a él se llega
y un velero muy gallardo
que a la brisa enamora.
Hay trapos que cazan vientos;
vientos, que pavonean banderas,
y un bergantín muy pirata
que en el mar clava su proa
en una mar enarbolada
por el canto de sirenas.

Danzan uno con el otro
el viento y la vela tersa
mientras la quilla del barco
cruje, grita y en su crepitar doliente;
su maderamen se queja.

La mar, el barco, la brisa…
la espuma, el arrecife, las rocas…
son amantes;
de amores imposible,
que nunca jamás se logran.
Lo mismo le ocurre al viento
que se prenda de las velas;
del oasis y sus palmeras;
de acantilados y calas;
de desiertos y sus arenas...

Siempre hay;
una ola que viene
y otra ola que se aleja.
Siempre habrá;
un velero en la mar
que hunda en una ola su proa
y en un penacho de espuma
bailando una gaviota.

Una palmera se cimbra
batiendo sus alas tersas,
es la musa de los vientos
la que los doma y serena.

Hace tiempo, que la palmera
está sola,
serena, durmiente, quieta…
Sus alas no baten vientos
está muy triste, muy queda...
Hace tiempo, que las velas
no se hincha;
están ajadas y quietas.
Hace tiempo,
que en las rocas no hay espumas
y el mar carece de olas.

Hace tiempo, que el velero está varado
durmiendo, el sueño que no despierta
para siempre en la playa, en la arena.

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