AMOR MIO NO ESPERES.
No esperes esta noche ver a la luna,
quizás esta noche sea noche de luna nueva,
y aun estando ahí cerca de ti en tu cielo,
tú a la luna no la veas, tu luna esté durmiendo
soñando con sus bellos camafeos.
No esperes que las nubes
te dejen ver el azul del cielo
y ver el sol que todo alumbra,
quizás hoy, hoy las nubes sean,
densas y altas y tú al cielo no veas,
quizás tú el sol, tú, quizás hoy no los veas.
No esperes que hoy llueva
y esa lluvia tenue y cálida de primavera
moje tu rostro bello, tu esbelto cuerpo
lo empape en primavera,
lo empape en primavera,
y hasta ti traiga olor a tierra mojada,
olor que embriaga tus sentidos
y rememora con nostalgias viejos sueños.
No esperes a que el invierno acabe,
y con su fin la primavera llegue
y a ella acompañe el trino
de las canoras aves,
y las flores cubran los verdes campos,
que las hojas retoñen en los árboles
las hojas nuevas que cada primavera
a los bosque rescatan de su durmiente muerte.
No esperes, tú no esperes
a que la primavera llegue,
las primaveras tardas, se demoran
cuando las nieves perezosas
se quedan aquí eternamente.
No esperes a que el verano
con su ardores tu cuerpo caliente
y en las largas tardes del estío
traiga hasta ti las brisas frescas
de arroyos y de los ríos,
los aromas de azahares, del romero,
del enebro, de los tilos y el cantueso.
Que envuelvan tus sentidos
los aromas de jazmines, madres selvas,
en las noches largas que sean frescas.
No esperes poder dormir en el estío
y en tus sueños creer que tú cariño mío;
podrás soñar dormido.
No esperes, tú amor mío
que el otoño traiga hasta ti
con sus primeras lluvias,
con todo su maduro colorido,
con sus frutos maduros
colgando de las ramas,
sus frutos sazonados coloridos
sazonados con el sol del estío.
No esperes tú amor mío,
volver a enamorarme,
no hace falta cariño.
Mi amor y mi cariño son;
y siempre lo han sido,
amor mío, todos, todos tuyo.
AMOR MÍO TÚ ESPERA.
Espera, tú espera que la luna esté en
plenilunio,
que de luz a las noches y alumbren los caminos
los caminos que acercan a nuestro amor
al lugar donde tú y yo, nos reunimos.
Espera, tú espera que el cielo esté limpio,
que el azul del cielo al sol le dé cobijo
y las nubes se encuentre lejos,
muy lejos de nuestro nido de amor;
cariño mío.
Espera, espera tú cariño a que un día
de abril llueva
y el agua que los campos riegan,
que cubren de verdor incluso
a los desiertos yermos y baldíos.
Espera amor mío y la lluvia resbalará
por tu lindo rostro, como corren las lágrimas
por el rostro puro y tierno de un niño.
Espera que el invierno pase
y el trino alegre de los pájaros anuncie,
que el invierno ya sea ido,
que la primavera los verdes campos
ha sembrado de alegres margaritas,
de rosas hermosas y coloridas,
de lirios vestidos con lindos terciopelos...
Entonces amor mío la primavera
estará contigo y conmigo.
Cuando las tardes caigan
y la brisa que llega de los ríos
traigan entre sus alas los aromas
de jazmines, de las jaras, cantuesos,
madreselvas, romeros, espliegos
y olores salobres de ese mar
que está muy cerca y escuchas
el chocar de sus olas en la arena,
Entonces amor mío es que está contigo,
contigo y conmigo está el estío.
Cuando a ti te asusten las tormentas
vespertinas,
que rasgan el aire de las tardes con sus truenos
y fulgentes culebrinas, cuando en los campos
sus frutos maduros se columpien en sus ramas
y las hojas de los árboles se vistan de ocres,
de rojos, de amarillos gualdas.
Entonces, mi cariño el otoño está tomado
el mando en su sitio.
Recuerda, tú recuerda que cada estación
tienes sus días y sus días estarán con ella en el
sitio,
que cada estación llega cuando la anterior se ha
ido.
Recuerda que en cada una de ella se da el
milagro
de la naturaleza plena y el milagro de tu amor y mi
cariño.
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