EL TREN DE LA NOSTALGIA.
He sentido en sueños que me hablabas,
he escuchado tu voz oculta
en la densa oscuridad de mi habitación,
yo me acurrucaba entre las sabanas de mi cama.
Escuché tu voz, oí yo tus palabras,
mas yo no sé qué mensaje a mí,
a mí me trasladabas.
Quizás fuese ese adiós
que yo nunca de ti escuchara,
quizás fuese un te quiero,
ese te quiero que ya casi olvidara,
quizás fuese ese reproche que tú,
que tú queriéndome decir nunca,
nunca tú a mí, tú me reprocharas.
Tal vez, tal vez, tan solo yo soñara.
Yo sé que fue un sueño
pues tú junto a mí no estabas.
Yo sé que era un sueño, vacía.
vacía estaba mi cama y mi casa.
Tú ya te habías ido,
te fuiste una mañana,
una mañana gris en la que el cielo,
el cielo en ti se derramaba.
Lloraba el cielo al verte a ti partir
con tu maleta azul de la mano colgada.
Caminabas por una carretera
que en la estación del tren
ella desembocaba.
El tren de esa estación
siempre al entrar silbaba,
silbaba la canción,
canción de la nostalgia.
Es esa, la canción que escuchan
los tristes corazones solitarios
cuando dejan sus casas,
cuando les dicen adiós
unas manos vacías y lejanas,
unos ojos regados por las lagrimas
que miran detrás de los cristales
en las ventanas altas.
El tren se va alejando,
se aleja de mi casa
y en sus vagones lleva,
lleva mis esperanzas,
se lleva mi corazón
dejándome el dolor
y la dura nostalgia.
Escucho en el aire
su monótono ruido
al rozar el acero,
de los férreos railes
por los que se desplaza.
Diviso su penacho de humo
entre las altas montañas.
De pronto el silencio,
el tren de la nostalgia
se lo trago de un golpe
un túnel en las montañas.
En el quedo para siempre
encerrado en su alma
aquel amor tan dulce
que siempre yo he guardado
muy dentro de mi alma.
Te lo llevaste todo en la maleta azul
que de tu mano colgaba.
¡Sí!, ahora yo lo sé
que solo fue un sueño
en el que tú me hablabas.
Mi cama está vacía,
vacía está; mi casa y mi alma.

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