NUESTRO INVIERNO.
Veo
pasar las nubes vistiendo el cielo
y
correr como un loco el tiempo en mi reloj,
veo
deshojarse mi calendario,
y
la viñeta de mi horizontes va cambiando.
Ayer
muy verde,
lleno
de color y de vida alegre,
los
insectos siempre zumbando libando flores,
cantando
ríos, cantando fuentes,
cantado
pájaros volando alegres.
Es
primavera furor y fiebre.
Esta
mañana al despertarme
he
comprobado
que
el estío ha arrebatado su color verde
a
la hierba de mi prado,
y a
la flores su lozanía y su perfume,
que
los frutos han madurado,
y
las fuentes y ríos han calmado su arrebato.
Es
el estío, con sus días casi eternos,
con
su sofoco y calores.
Y
cuando pasen unos días
llega
mi melancolía.
Los
campos se quedaran casi vacíos,
el
sol se tornará lento, monótono, aburrido,
las
aves volaran a otros destinos
el
páramo se quedará vacío y triste,
la
lluvia de otoño vaga, caerá mansa y callada
dando
al ambiente un tono de soledad.
Es
mi otoño que lentamente se hace presente
para
vestir mi horizonte
con
su traje de tristeza, de nostalgia y soledad.
El
bosque vestirá sus mejores galas
para
mostrar su verdad.
Es
el otoño; mi anteúltima parada.
Y
un día, que yo veía muy lejano
ya
lo tengo entre mis manos.
Es
mi última estación.
Los
árboles de la alameda
están
desnudos y pelados
enseñan,
sus secretos mejor guardados,
sus
podredumbres y vergüenzas
que
hoy ya no les avergüenzan.
Muestran
los nidos de los jilgueros
que
alegraban con sus cantos
aquellos,
mis infinitos paseos.
En
los chopos de la ribera
que
jalonan el curso del agua
están
mudas sus sonajas
que
me adormecía en mis siestas.
Los
campos de mi horizonte,
están
muy grises y plomizos,
y
nevadas las montañas
que
cubren sus grandes risco,
las
aves ya se marcharon muy lejos
solo
quedaron las brunas grajas
posadas
en los álamos más viejos
donde
ellas hacen guardias
y
acompañan, a los lúgubres cortejos.
Es
mi invierno que llega
y
ya no hay esperanzas
de
ver nuevas primaveras
que
fortalezcan mi alma.


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