27 abr 2018

LLANTO DEL MAR...

...POR EL VIENTO DEL PONIENTE.
Ruge y llora el mar, 
cual león herido,
ruge y llora el mar porque está
abandonado, solo y dolido.

El viento de Poniente 
que siempre fue su amigo, 
ya se ha ido. 
Se fue, sin decirle adiós 
se marchó, quizás herido.
Herido por una ofensa 
que nunca sucedió.

Ruge y llora el mar, 
aunque sin Poniente
el mar puede llorar, 
porque el Levante
su otro viento amigo 
le prestó, 
su fuerza y también su voz 
para que el mar pueda rugir 
y llorar también,
por su otro amigo 
que sin decirle adiós, se fue.

Su amigo el viento de Poniente
que se alejó de él y nunca, 
nunca jamás 
una nota de adiós de él ha recibido.

En el malecón de Poniente 
donde se encontraban cada día 
el viento de Poniente y el mar.
Yo hoy, le he escuchado llorar. 
Llorar por la ausencia de su amigo 
al que añora y quiere abrazar
pero, que hoy no está.

Grita el mar con voz prestada,
llora el mar con sus lágrimas saladas, 
con sus olas de mar que están calmadas,
con su espuma blanca que está callada.

Blanca es la espuma de las olas bravas, 
blancas son, las alas de las gaviotas 
que ya no vuelan sobre las olas, 
porque el viento de Poniente ya no habla
está, en calma, está ausente de la ensenada.

Las gaviotas ya hoy no vuelan, 
ya no se bañan sobres las olas. 
Están posadas en el malecón, 
donde el mar ruge, clama y llora.
Donde mirando hacia Poniente
el mar implora, clama y llora 
mientras espera, el mar espera
a que el viento de Poniente
volver quisiera. 

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