Y YO ENCERRADO EN MI JAULA.
Pasa
el tiempo,
lo
veo como camina
al
mirar por mi ventana,
su
paisaje cambiante
va
mudando su semblante
cada
día, cada semana.
Pasa
el tiempo
y
yo encerrado en mi jaula.
Los
días cortos de invierno
y
sus noches apaisadas,
en
ellas solo se escucha al silencio,
y
al viento cuando él pasa.
Escucho
la mudez del llanto
de
la lluvia blanca, blanca.
Hace
frío en el invierno,
y a
mí, se me hiela el alma
prisionero
en mi jaula.
Al
llegar la primavera
las
nubes se desperezan y levantan
y
se descubren a lo lejos
a las
cumbres de los montes
quitarse
sus capas blancas.
La
primavera es alegre,
gorjea
el ave en la rama,
canta
y ríen las corrientes
el
campo cambia su gris
por
los colores del alma.
Primavera
alegre
y
yo estoy triste, muy triste
encerrado
en mi jaula.
Cuando
el verano llega,
con
sus días casi eternos
y
sus noches tan enanas,
con
su asfixiante ardor
cambia
los tonos del alma.
Cambia
los campos y senaras.
Cambia
el verde esperanza
por
amarillo del oro
y
da sazón a los frutos
que
están colgados en sus ramas.
Es
verano y sus calores
no
me calientan mi alma
ni derrite
los barrotes de mi jaula.
Cuando
al final del verano
las
tormentas gritan, claman,
con
sus fuertes aguaceros
la
seca tierra empapa.
Está
diciendo a gritos
que
es el otoño quien llama.
El
otoño con sus tardes melancólicas,
con
su música de sonajas,
con
sus torrentes alegres,
con
sus montes que del verde
al
oro viejo mudaran.
Los
días van acortando
y
sus noches se alargan,
las
aves han emigrado,
las
hojas dejan desnudas
sus
ramas.
El
otoño melancólico y nostálgico
trae
tristeza a mi alma,
en
la severidad de mi jaula.
Contemplo
pasar el tiempo
a
través de mi ventana,
contemplo
pasar el tiempo
en el
retiro de mi jaula.


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