10 abr 2018

PASA EL TIEMPO.

Y YO ENCERRADO EN MI JAULA.
Pasa el tiempo, 
lo veo como camina 
al mirar por mi ventana, 
su paisaje cambiante 
va mudando su semblante 
cada día, cada semana.
Pasa el tiempo 
y yo encerrado en mi jaula.

Los días cortos de invierno 
y sus noches apaisadas, 
en ellas solo se escucha al silencio, 
y al viento cuando él pasa.
Escucho la mudez del llanto
de la lluvia blanca, blanca.
Hace frío en el invierno,
y a mí, se me hiela el alma
prisionero en mi jaula.

Al llegar la primavera 
las nubes se desperezan y levantan 
y se descubren a lo lejos
a las cumbres de los montes
quitarse sus capas blancas.
La primavera es alegre, 
gorjea el ave en la rama, 
canta y ríen las corrientes
el campo cambia su gris 
por los colores del alma.
Primavera alegre
y yo estoy triste, muy triste 
encerrado en mi jaula.

Cuando el verano llega, 
con sus días casi eternos 
y sus noches tan enanas, 
con su asfixiante ardor
cambia los tonos del alma. 
Cambia los campos y senaras. 
Cambia el verde esperanza 
por amarillo del oro 
y da sazón a los frutos 
que están colgados en sus ramas.
Es verano y sus calores
no me calientan mi alma 
ni derrite los barrotes de mi jaula.

Cuando al final del verano 
las tormentas gritan, claman, 
con sus fuertes aguaceros 
la seca tierra empapa. 
Está diciendo a gritos 
que es el otoño quien llama.

El otoño con sus tardes melancólicas, 
con su música de sonajas, 
con sus torrentes alegres, 
con sus montes que del verde
al oro viejo mudaran.
Los días van acortando 
y sus noches se alargan, 
las aves han emigrado, 
las hojas dejan desnudas 
sus ramas.
El otoño melancólico y nostálgico
trae tristeza a mi alma, 
en la severidad de mi jaula.

Contemplo pasar el tiempo
a través de mi ventana,
contemplo pasar el tiempo
en el retiro de mi jaula.

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