...OCASO A NUESTRAS VIDAS
Cuando llega el ocaso de
nuestras vidas.
Cuando miremos hacia atrás
del camino recorrido
y quizás lo encontremos solitario,
muy duro y muy vacío.
Cuando solo lanzamos al aire un suspiro,
un suspiro que se alarga en el tiempo
y se queda en el ambiente suspendido.
Suspendido en los sueños y los recuerdos.
En las realidades que nunca a llegar fueron,
un suspiro que quedó para siempre
relegado en el aire de nuestro cielo,
suspendido, como quedó suspendido quizás
aquel te quiero.
Cuando llega el ocaso,
cuando el sol de nuestras vidas ya se pone,
queremos hacer eterno nuestro tiempo vivido,
queremos hacer todo aquello
a lo que nunca jamás llegó su tiempo
y quedó de un alfiler prendido.
Queremos decirle cuanto te quiero
a aquellos que nunca le hablamos
de nuestros más íntimos sentimientos.
Aquellos, con los que nunca fuimos
y si debimos ser sinceros.
También pedir perdón a los que ofendimos
y decirles que les perdonamos
a los que nos ofendieron.
Pero nuestro ocaso es cruel, tiene su hora
y jamás de los jamases él nos avisa o se demora.
Digamos adiós, lo hagamos ahora,
que el ocaso de nuestro sol aún se demora.
Digamos te quiero que aún hay tiempo
y pidamos perdón y perdonemos
a todos aquellos que queremos.
Y quizás nos marchemos sin rencores escondido,
sin flores deshojadas por el suelo,
sin recuerdos y sueños olvidados y perdidos,
tranquilos caminando el único
camino que hay muy cierto.
Con nuestra maleta llena
siguiendo el camino que otros
nos marcaron en el tiempo.


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