Hola mi amor;
el cielo se está nublando,
las nubes, nubes blancas
de fogosas primaveras
en las montañas brotando,
como germinan los pámpanos
al llegar la primavera
en viñedos de los valles
y de las suaves
lomas.
David, ya los días se alargan,
ya las noches se acortan.
Pero para mí las noches
son; perpetuas, casi eternas.
Intento dormirme siempre,
lo intento pensando
en ti,
y en aquellas primaveras
en las que eras tú un niño,
estos recuerdos me traen paz
y mi ánimo serena,
a veces hasta consigo dormir
en esas noches eternas.
Me despierto muy temprano
mi mente, en tú busca se enreda.
Intenta encontrar indicios
de si está noche he soñado
yo contigo hijo mío
y ese sueño, cómo era.
Porque muchos de estos sueños
no dejan en mí recuerdos.
Más que sueños son; quimeras.
David, ya solo de ti me queda
tus caricias en mis recuerdos.
Recuerdos, que están siempre
a la espera
de revivirlos en mis sueños.
La esperanza que me queda
es, que en los sueños que tengo,
que tú siempre estés conmigo
aunque no siempre cariño,
soñar contigo yo pueda.
David, los sueños que estás conmigo
son; nubes de primavera
que surgen tras las montañas
tan ufanas, tan fogosas van;
anunciando tormentas.
No siempre con ellas llega
el agua que tantos esperan.
Vienen cargadas de ruidos,
de negruras y asperezas,
de rayos que con su luz
a la oscuridad despiertan.
David en mi renace la pena
de que ya tú te hayas ido
y que nunca jamás vuelvas.
Las primaveras, no siempre
en sus alas traen la alegría
que de ellas se espera.

