David, eres espíritu del aire,
del sol de cada mañana,
del agua de muchos mares
y las lejanas montañas.
Tú David cariño mío vives,
entre nubes de esperanzas,
en la brisa que da la vida
a las hojas mientras bailan
y en el sol que cada día se mira,
en el espejo del agua.
Si camino por los montes,
tú siempre conmigo andas
y mis ardores refrescas
con la brisa que me envuelve
cuando en silencio pasa.
Si en el mar yo me baño
noto que tú a mí me abrazas
con la espuma de las olas
que vienen y van y bailan
con las barcas
y nunca jamás se cansan.
Si camino en el silencio
a mí tú siempre me hablas
y yo escucho tu mensaje
en el silencio que siempre
conmigo anda.
David hay que saber escuchar
aquellos que siempre callan
que en su silencio nos gritan
sin articular palabra.
Por ello tú vivirás para siempre
en el espíritu del sol,
de la brisa en las mañanas,
de las nubes de algodón,
entre brumas de montañas
que me hablan, en su silencio
sin necesitar palabras.