Hola
David:
hoy también llueve e incluso hace frío.
Para nosotros el frío ya es algo persistente.
Se instaló en nosotros desde
el mismo instante en que nos dejaste.
Él es el huésped, que no hace ruido,
que no se oye, pero se siente.
Que no se marcha, tampoco se esconde
es
permanente e indeleble.
Nos acompaña a todas parte.
El frío se quedó en nosotros para siempre,
envolvió nuestras almas e inundó los corazones.
Cariño mío;
Esperamos que donde quiera que tú estés
seas muy feliz; bien lo mereces.
Que ya no sufras el dolor que tanto hiere.
Que
lograras la paz que es tuya, te pertenece.
Que tu lucha se quedase ahí para siempre.
Aquí nos tienes, con el dolor y la pena
Te fuiste por el camino que retorno
nunca tiene.
hacia un nuevo horizonte.
El vacío que dejaste
lo ocupará para siempre
el dolor y la tristeza
que ya nunca se revierte.
Mañana
cuando estemos
todos juntos
alrededor de la mesa
y tú lugar este vació
y vacío él se queda
como se queda el de aquellos
que antes de ti partieran.
Ya nunca será lo mismo
el silencio, el dolor,
los
recuerdos y las penas,
se
sentaran en los lugares
en que las sillas esperan.
Habrá
miradas a escondidas,
lágrimas delatadoras
que pujan por liberarse
y formar una cadena que muestra,
en esos rostros cansados
las tristezas, los dolores y las penas
que hay en los corazones
y en las almas que te añoran.
¿Quién pondrá notas a los platos
¿Quién hará de juez y parte
de lo que se hable en ella?
¿Quién dirá esa palabra de humor,
para que la risa venga?
Nadie, será ya capaz de hacer,
que esos momentos vuelvan.
David hijo mío, te veamos o no,
estarás
tú siempre presente
y sentado en
nuestra mesa.


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