Hola
David,
cómo te encuentras hijo mío.
Un día más, yo necesito,
el poder contigo hablar.
Solitaria
está la playa,
el mar está muy tranquilo.
Este relajado ambiente
tan solo se ve invadido
por estridentes graznidos
de las blancas gaviotas
que en altos acantilados han,
emplazados sus nidos.
Sentado
sobre una roca
que el mar la ha pulido, contemplo,
el bailar de las olas, un vals,
sin que se altere su ritmo.
David,
este mar tuyo y mío,
este mar que tantas y tantas veces
ha ambos nos ha acogido,
y entre sus suaves brazos
el mar siempre nos ha mecido
en su cunita de espuma,
como se acuna a un hijo.
Este mar que te adoptó
desde que eras muy niño,
este mar que te ha visto crecer,
entre sus aguas cariño.
Este mar que siempre fue,
tu protector y padrino
y cuando tú partiste
por el camino finito,
el mar te acogió entré sus brazos,
como se acoge a un hijo.
Este mar en que yo sé,
que entre sus brazos tú estás,
cariño mío dormido.


No hay comentarios:
Publicar un comentario