HOY DE NUEVO HE VUELTO A MI HOGAR
(Recuerdos)
Hoy he vuelto a mi hogar al que hace mucho
tiempo que no he regresado.
He vuelto a mi hogar y lo encontré vacío,
lleno de recuerdos alegres y de ilusiones
que el pasar del tiempo las ha marchitado.
Desde la ventana que tiene mi cuarto,
miré con nostalgia el tiempo pasado.
Contemplé con pena y con desencanto,
aquel verde prado, donde me tumbaba
a la sombra de los viejos y hoy secos álamos
a soñar con grandes aventuras en país lejano.
Contemplé mi río de antaño,
con sus frescas aguas, alegres cantando.
Aguas; que corrían ajenas a mi desencanto.
Este río mío, compañero de pesca y baños,
al que yo siendo niño contaba
cada mientras-siestas de tórridos veranos,
mis secretos, mis sueños de niño
que no se han logrado.
Alzando mí vista también yo he contemplado,
el viejo olivar, el que recorría en las primaveras
trepando a sus árboles buscando los nidos de canoros pájaros.
Aquel verde olivar que en los crudos inviernos,
recorría con mis manos pequeñas de niño
llenas de sabañones, llenas de padrastros.
Recogiendo sus saltarines y nerviosos frutos,
que de un verde intenso,
a un negro luto habían mudado.
Miré al horizonte lejano;
donde apenas alcanzan mis ojos cansados.
Vi la silueta de tus montes altos.
Esos montes tan altos y abruptos,
que de encinas, quejigos y alcornoques
están bien poblados.
Esos montes en que siendo niño,
tantas, tantas veces los he horadado,
buscando conejos, palomas y tórtolas
liebres, jabalíes y también lagartos.
Cuando ya mis ojos por la añoranza
se han puesto vidriosos y casi mojados,
deje la ventana y miré de nuevo aquel
triste, silencioso y pequeño cuarto.
En su blanca pared permanece
aún bien colgado, un viejo retrato.
Un retrato, que me trae recuerdos de felicidad
y también recuerdos que me son ingratos.
Una mujer joven, morena, muy bella,
de negros ojazos, me mira muy fija, muy fija,
y con su mirada, me está interrogando.
Me mira con esa mirada que solo las madres
y las enamoradas saben ya mirarnos.
Son miradas de amor, miradas,
que con solo mirarte te están hablando.
Son esas miradas, que si son de tu amor,
son las que te dicen; ¿Me sigues amando?
Son esas miradas, que si son de tu madre,
te están diciendo; ¿Qué te ocurre hijo?,
¿Qué te está pasando?
Son esas miradas, son esas preguntas,
que yo desde muy niño he estado esperando.
Son esas miradas, son esas preguntas,
que sin importar lo que tú respondas,
una dulce y tierna caricia te está esperando.
Son esas miradas, son esas preguntas
que a mí, de mi madre, siempre me han faltado.
Hoy he vuelto de nuevo a mi hogar,
del que hace mucho tiempo me había ausentado.
Los tristes recuerdos me han embargado.
(Recuerdos)
Hoy he vuelto a mi hogar al que hace mucho
tiempo que no he regresado.
He vuelto a mi hogar y lo encontré vacío,
lleno de recuerdos alegres y de ilusiones
que el pasar del tiempo las ha marchitado.
Desde la ventana que tiene mi cuarto,
miré con nostalgia el tiempo pasado.
Contemplé con pena y con desencanto,
aquel verde prado, donde me tumbaba
a la sombra de los viejos y hoy secos álamos
a soñar con grandes aventuras en país lejano.
Contemplé mi río de antaño,
con sus frescas aguas, alegres cantando.
Aguas; que corrían ajenas a mi desencanto.
Este río mío, compañero de pesca y baños,
al que yo siendo niño contaba
cada mientras-siestas de tórridos veranos,
mis secretos, mis sueños de niño
que no se han logrado.
Alzando mí vista también yo he contemplado,
el viejo olivar, el que recorría en las primaveras
trepando a sus árboles buscando los nidos de canoros pájaros.
Aquel verde olivar que en los crudos inviernos,
recorría con mis manos pequeñas de niño
llenas de sabañones, llenas de padrastros.
Recogiendo sus saltarines y nerviosos frutos,
que de un verde intenso,
a un negro luto habían mudado.
Miré al horizonte lejano;
donde apenas alcanzan mis ojos cansados.
Vi la silueta de tus montes altos.
Esos montes tan altos y abruptos,
que de encinas, quejigos y alcornoques
están bien poblados.
Esos montes en que siendo niño,
tantas, tantas veces los he horadado,
buscando conejos, palomas y tórtolas
liebres, jabalíes y también lagartos.
Cuando ya mis ojos por la añoranza
se han puesto vidriosos y casi mojados,
deje la ventana y miré de nuevo aquel
triste, silencioso y pequeño cuarto.
En su blanca pared permanece
aún bien colgado, un viejo retrato.
Un retrato, que me trae recuerdos de felicidad
y también recuerdos que me son ingratos.
Una mujer joven, morena, muy bella,
de negros ojazos, me mira muy fija, muy fija,
y con su mirada, me está interrogando.
Me mira con esa mirada que solo las madres
y las enamoradas saben ya mirarnos.
Son miradas de amor, miradas,
que con solo mirarte te están hablando.
Son esas miradas, que si son de tu amor,
son las que te dicen; ¿Me sigues amando?
Son esas miradas, que si son de tu madre,
te están diciendo; ¿Qué te ocurre hijo?,
¿Qué te está pasando?
Son esas miradas, son esas preguntas,
que yo desde muy niño he estado esperando.
Son esas miradas, son esas preguntas,
que sin importar lo que tú respondas,
una dulce y tierna caricia te está esperando.
Son esas miradas, son esas preguntas
que a mí, de mi madre, siempre me han faltado.
Hoy he vuelto de nuevo a mi hogar,
del que hace mucho tiempo me había ausentado.
Los tristes recuerdos me han embargado.
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