EL RIO
cargado de vida y osadía,
incansable e inquieto.
Bondadoso y servil es para el hombre.
El río con sus aguas la vida alimenta y refresca.
Enemigo insuperable y muy dañino es;
cuando sus aguas se embravecen
y su caudal se sale de su lecho a la fértil ribera.
Camina siempre por estrechas y angosta veredas
y por anchos lechos pedregosos que él mismo
con su hozar a través de los años en la tierra abriera.
Su caminar es alegre y cantarín,
se acompaña de verde y boscosa floresta.
Sus aguas cristalinas de vida están llenas.
En sus orillas anidan las aves canoras,
el ruiseñor, el mirlo, el jilguero...
De los frenos cuelgan sus nidos las lindas oropéndolas.
Al hombre le apaga su sed,
le lava y su angustia le serena,
mientras corre y salta cantando
entre cantos rodados y peñas
o camina pausado en las llanuras quietas.
El río le dice a los hombres
en su caminar errante hasta su meta.
¡Insensato! No me agotes, ni envenenes
mis aguas tan frescas, escasas y tan buenas.
Que el agua es un bien escaso y vital.
La vida salió de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario