17 ene. 2008

ODA A UNAS ZAPATILLAS


A modo de historia.
Un día mi amigo Koldo me preguntó; ¿Qué número de pies calzas? El 42. Le respondí. Pues ya tienes unas buenas zapatillas. A mí me las han regalado y calzo un número más pequeño. Estas fueron las primeras y únicas zapatillas que he tenido de marca. Si; esa marca, que por logo tiene algo que se asemeja a un bumerán y que de su nombre solo se pronuncian la mitad de las letras que lo forman.
Buenos, pues esas zapatillas recorrieron conmigo todos o casi todos los Caminos de Santiago habidos y por haber. Fueron desde Sompor a Santiago al igual que desde Roncesvalles, El Camino del Norte, La Vía de la Plata, etc. Nunca jamás con ellas tuve una ampolla, ni un roce, ni un mal traspiés. Pero en el año 2004 en el pueblo cacereño de Valdeaslor, con mucha pena me dijeron que no podían seguir más, que estaban muy cansadas de recorrer los senderos de España. Y con una gran pena y dolor de corazón en un contenedor de reciclaje quedaron para siempre. Yo, como desagravio les escribí esta oda a modo de despedida y elegía.

UN CANTO A MIS ZAPATILLAS

Vida arrastrada habéis llevado,
de un lado a otro hemos andado.
Por las aceras, por los caminos,
horadando montes y quemando asfalto.
Unos eran caminos secos y áridos,
otros con mucha lluvia, piedras y barro...
Que buenas fuisteis conmigo,
que bien, mis pies han calzado.
¡Ay, zapatillas!
Cuántos caminos hemos hollados.
Unos subiendo, otros bajando.
Juntos España de Norte a Sur
de Este a Oeste hemos cruzado.
Por sus senderos, por sus caminos
siempre muy juntos, siempre andando.
Hemos hollado; valles muy verdes,
bosques muy densos e intrincados,
campos sin horizontes en barbechos,
montes altos y escarpados,
dehesas de encinas y finos pastos.
¡Ay, zapatillas!
Cuántos caminos hemos hollados.
Hemos dormidos en buenas camas,
sucios colchones y en suelos bajos.
Nos acogieron en los albergues,
en los refugios, bajo tejado…
Vimos estrellas y ardientes soles,
negras tormentas con fuertes truenos
y sus relámpagos nos asustaron.
¡Ay! Zapatillas,
Cuántos sueños.
Cuánto muy junto, hemos soñado,
entre encinas y pinos verdes,
frondosos robles, viejos olivos,
carrascos jóvenes y algún naranjo.
Soñar; soñamos, con los caminos,
Caminos viejos, que a los hombres
han hermanados.
Soñar; soñamos, con esa paz que tanto,
tanto la deseamos.
Soñar; soñamos y seguiremos
siempre soñando.
Ahora amigas mías, mis compañeras
Os dejo solas en el Camino.
Yo, sigo andando.
Espero que pronto me olvidéis y él olvidaros.
Y no quisiera por nada del mundo yo añoraros.
Aquí os dejo, en este pueblo junto al Camino,
que yo me marcho.
Sigo camino, camino andando.
Amigas mías os digo adiós,
adiós, amigas mías.
Os dejos solas,
solas muy solas os he fallado.

Septiembre 2004

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