11 ene. 2008

UN DÍA CUALQUIERA DE ENERO


UN DÍA DE ENERO.
La melancolía se ha apoderado
de la ciudad y de mí.
Las calles están mojadas
y el viento sur ya las barre
ante mi ausente mirada.
Un semáforo que se abre,
un coche que ahora se para.
Las gentes corren y corren,
sin mirar por donde pasan.
Apenas si se saludan. Ni se miran;
cuando cruzan sus miradas.
En el umbral de la puerta
de un banco de gran tirada,
un hombre pide limosna
y le regalan miradas.
Ya los escaparates no lucen.
Ahora anuncian rebajas.
Los árboles de la alameda
ya carecen de guirnaldas.
Se encuentran desnudos y solos.
Esperan, la primavera que tarda.
Esta ciudad es ya otra.
La ciudad está mudada.
No es la misma ciudad
de Navidades pasadas.
La lluvia y el viento sur,
nos han traído la calma.
En enero son los días
en que se vuelve a la calma.
Y de nuevo se reencuentra
la ciudad;
con el sosiego y la calma.

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