1 ago. 2008

ROMANCE GITANO


ROMANCE GITANO
 
La luna los arropaba
con sabanas bordadas en plata.
Y aunque parecen muy frías
sus bellos cuerpos sudaban.
La luna siguió camino
dejando su sitio al alba.
Un cuerpo anudado al otro,
formando una maraña.
Enmudeció el ruiseñor su canto,
cantaba entre las matas y las zarzas.
Ahora ya canta la alondra. Cantan;
allá a lo lejos entre tomillos y jaras.
¡Ay madre!
Que nos quedamos dormidos
con la frescura del alba.
¡Corre gitano, corre!
Pica espuelas a tu jaca.
¡Corre gitano! Por Dios,
por tu madre y por tu alma.
Tira del freno al caballo,
que estamos cerca de casa.
Que si te ven mis hermanos
te abren el pecho y el alma.
Cuando el caballo a galope
cruzó la plaza empedrada,
había niños jugando
y bailando las muchachas.
El gitano detuvo su jaca blanca
y se apeó su amada,
estaban cerca de casa.
Ya galopa el gitano por las dehesas,
entre retamas y jaras.
Cruzando los olivares
busca corrientes de agua.
Cansado de galopar
bajo una encina descansa.
A nadie dijo María,
donde pasó aquella noche,
ni nadie la preguntara.
Su madre llora que llora,
su padre rabia que rabia
y sus hermanos mayores
ensillan ambos sus jacas.
En sus cinturas han puestos
entre pliegues de sus fajas
dos navajas de Albacete
que refulgen más que el nácar.
A la sombra de una encina
Manuel sueña con su amada,
mientras su caballo pace
y bebe del agua clara
de un arroyo cantarín
que cerca de ellos canta.
Nunca más se despertó
el gitano que soñaba.
Nunca más volvió hablar,
ni sonrió a su amada.
Dicen que oyeron dos gritos
que nadie los escuchara
y que en su pecho gitano
dos claveles reventaran.
En medio de jubón blanco
han florecido
dos geranios escarlata
y en ellos se derramaron
toda su vida y su alma.
Nunca jamás ya se supo
de aquel gitano del alba,
que tenía la tez morena
y jaca de crines blancas.
Dicen que lo enterraron
en la ribera del agua
debajo de una encina
junto al arroyo que canta.



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