17 feb. 2012

SOMOS ARENA DE CUALQUIER PLAYA


Eres igual que la roca que en lo alto de la montaña,
no deja pasar el viento, ni las nubes,
ni la lluvia de primavera cristalina, tenue y clara.
Las nubes te desesperan, nubes que a ti se te abrazan,
esperando oír decirte, una amable palabra.

Desafías a los elementos,
impertérrita te plantas,
no temes las inclemencias del tiempo,
a ti no te asusta nada.
Nada ni nadie te importa,
nada; tú vives, ausente en otra galaxia.
Pero la lluvia y el viento,
las brisas de las mañanas,
las blancas nieves de inviernos,
las primaveras heladas,
van haciendo mella en ti,
poco a poco, nada a nada
y tú no te das ni cuenta,
tú sigues, como si nada
y un día; tu altivez ya no existe,
tu solidez, ya no es nada,
bajas por las torrenteras,
nada ni nadie te aclama,
nubes, viento, lluvia, brisa, hielo...
ya en ti jamás reparan.
Te has convertido en arena,
arena de cualquier playa.
Arena humilde que pisan
quienes a la playa vayan,
arena que es el juguete de las olas
que te golpean y te arrastran.
Arena fina molesta que se esconde
en los pliegues de las suaves toallas
y para hacerte notar tú te metes
en mi boca, cuando el viento te arrastra.

Tú, roca fuerte y altiva,
tu mole de la montaña
sin darte cuenta tú sola,
te has convertido en arena,
arena humilde arena;
de la más humilde playa.

Amiga mía, amiga;
Deja pasar a la lluvia, a las nubes,
a la brisa de las tardes
y al frescor de las mañanas.
Habla con cada una de ellas,
deja que te cubran con cariño
que ellas lo hacen encantadas.
Todas ellas son tus amigas,
buscan en ti el amparo que les falta.
Amparo que no encuentran en los valles,
solo en ti peña escarpada.
Y recuerda vieja amiga,
que no hay nada, ni habrá jamás
quien pueda vencer la calma,
la fe, el tesón, la constancia...
No veas tú enemigos, donde hay cariño y amor,
alegría, buen humor y exceso de confianza
y también entre las sonrisas hay;
lo queramos o no, siempre hay y habrá; lágrimas.
 
Dedicada a una buena amiga aunque alegue ignorancia.

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