13 jun. 2012

ESTAMPA EXTREMEÑA

 
MI TIERRA AÑORADA

Miro al cielo en la alborada
contemplo la oscuridad que se escapa 
por entre las grietas del alba,
y tras penachos de nubes
se abre paso la luz de otra mañana.
Las nubes se desperezan
y despiertan las montañas,
la vida que aún dormita
su melodía acompasa
para adaptarse al nuevo día
que asoma entre montañas.

Allá, en el soto del bosque
entre tomillos y carrascas
el ruiseñor enmudece
y es la alondra la que canta.
Cerca muy cerca de ellos
 un arroyuelo, corre y canta 
oculto por los tamujos 
protegido por alisos 
e impenetrables zarzas.
Arroyuelo, al que acompañan 
arboledas que aún tienen, 
tienen desarropadas sus ramas.

Canta el agua en su camino,
va buscando nuevas aguas.
El agua del arroyuelo
ríe mientras se desplaza
saltando va entre las peñas
que amansan sus barbas blancas,
y en llegando a un azud
se detiene y acompasa, 
para ver a las libélulas
y oír croar a las ranas.

Hay un extenso olivar
con sus ramas adornadas
por perlas negras brillantes,
algunas verdes, moradas,
otras incluso ya magras.
Se alinean los olivares
cual ejército en la parada.

En tus dehesas bastas pardas
las encinas son las reinas
campan siempre a sus anchas
y cerca, cerca de ellas 
se esparraman las carrascas.

Encinas fuertes, robustas,
serenas, bellas, adustas,
impertérritas, sensatas...
Encinas, reinas y damas
de las dehesas extremeñas
de la Extremadura llana.

En tus besanas las mieses
se mecen como los juncos del agua, 
como las cañas de azúcar,
con la brisa del ocaso 
y el viento de la mañana.
Juega la brisa en la mieses
antes de que el sol la encalma.

Los montes, esos tus montes abruptos 
que se visten de oro y plata, 
en el otoño son de oro fino, 
en las primaveras de inmaculada plata 
son el reino de la caza 
y su vigía es el águila.

Montes;
donde aflora alegre el agua
donde se explaya la nieve 
que cae tranquila y con calma 
en esos tus inviernos duros 
y en tus primaveras tardas.

En las riberas de tus ríos
fértiles vegas sembradas
son los edenes perdidos,
torna el dorado del trigo
al verde de la esperanza.

Pueblos blancos y pequeños
por tus campos se desparraman
y sus caseríos humildes
con sus de lajas de pizarra
al cielo miran tranquilos, 
con la fe y la esperanza
esperando nuevos tiempos
que vengan sin la tardanza
y tener, la ilusión de vivir
un tiempo nuevo  y feliz
sin añorar al que marcha.


1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Hola Rodri:
¡Que bonito te expresas de tu tierra!.
Se ve que la amas y es otra cualidad mas, que tengo que admirar en ti.

Mira, estoy aprendiendo a escribir corto,para que no me vuelvas a decir que escribo larrrrrrgo. ¡Profe, tengo tanto que aprender de ti.

Tu amiga y alumna. Un abrazo,

Eva