5 jul. 2012

TORMENTA


MI RUSEÑOR

Un horizonte oscuro, una tormenta que a lo lejos 
se escucha su voz de muerte. 
La tormenta se demora, camina lenta, 
no tiene prisa, quizás lo haga conscientemente
y por ello se la teme.
Las nubes negras no dejan pasar el sol, 
el mar que en calma estaba ahora se embravece.   
Tarde oscura, quizás sea noche negra la que se acerque. 
La tormenta se aproxima, sus truenos me estremecen
y la luz de los relámpagos me dicen, 
que se acerca velozmente. 
Tarde oscura, noche negra y quizás hasta llueve, 
escucho el fragor de los truenos 
y veo los rayos resplandecientes.

Un nuevo día se acerca con un cielo limpio y claro, 
la brisa de la mañana acaricia mis sentidos 
y en alas de la brisa trae aromas de tierra mojada, 
de azahar y albahaca, de jazmín y de romero 
de madreselva, olor a tierra mojada 
y sobre la hierba deja sus perlas de plata.
Después de una noche negra 
nos regala, un día de primavera.

Cerca de mi ventana en viejo manzano 
al que la hiedra lo abraza 
en un retoño escondido un ruiseñor ha tejido 
el nido para su amada. 
El ruiseñor, que vela y canta mis sueños, 
el ruiseñor que a mí me da confianza,
que me ayuda a pasar de negro al blanco 
en mis peores momentos.
Yo vi tejer ese nido con pajas y otros elementos 
y hacerle su mullido con esponjoso plumón, 
cuando estuvo terminado el nido 
hecho de mimo y amor buscó a su compañera 
y su nido, con amor a ella se lo entrego.
En él yo vi día a día creer el fruto de aquel amor 
esos glotones polluelos desde el cercano balcón.
Los ruiseñores cantan de noche muy cerca de mi balcón 
y ahuyentan los temores que habitan mi corazón.

Hoy he vuelto y he visto que hace tiempo 
el manzano se seco, que la obstinada hiedra 
sin su sabia se seco, nunca más colgó su nido 
en la rama el ruiseñor, ni se escucharon sus trinos
a través de mi balcón.

De nuevo volvió a mí sin causa y sin razón 
el temor a las tormentas y la pena al corazón.

Horizontes negros, nubes de tormentas, 
el mar en calma ahora se encrespa, 
ya el ruiseñor no canta en mi trasera.



1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Hola Rodri:
¡Que linda es tu tormenta! Es muy distinta a las mías.
Las tormentas, que a a veces vivo, son desgarradoras, llenas de soledad, de oscuridad, de tristeza, de desamparo. Ellas no volverán.

Acabo de llegar del campo.Y este paisaje que tu describes lo he vivido y estoy feliz.

"y en alas de la brisa trae aromas de tierra mojada,
de azahar y albahaca, de jazmín y de romero
de madreselva, olor a tierra mojada
y sobre la hierba deja sus perlas de plata"

Te he recordado y esta visitas por tu blog, me hicieron falta.

Recibe un abrazo loco de tu amiga y alumna,
Eva