MI NIÑA, MI ÁNGEL
Era una chiquilla bonita y
risueña,
con sus ojos grandes, con sus
ojos negros,
oscuros y profundos como las cavernas,
sinceros muy vivos color de
azabache
eran en su rostro dos negras cerezas.
Era una chiquilla con media
melena,
con su rostro terso como las
ciruelas,
su nariz cortita y muy
respingona,
sus labios carnosos eran una
fresa,
sus pómulos rosas color de
amapola,
sonrisa perpetua y su piel
morena,
sus dientes eran perla en
perfectas hileras
hacían de aquel rostro toda
una quimera.
Era una chiquilla que todos
querían
ella era alegre y lo
transmitía,
era la alegría de todas las
fiestas
y su sola ausencias; tristeza traía.
Una noche triste con la luna
nueva
se marchó mi niña, se
marchó,
me dejo muy solo con la negra
pena,
no, no, no se fue de fiesta, ni a una verbena,
se fue con los ángeles donde no
hay
tristeza, ni existe pasaje de
ida y vuelta.
En silencio ella se fue
apagando,
como una pavesa que de entre las
llamas
se escapó volando y quedo tendida
sobre el lecho blanco lleno de
tibieza.
Se quedó dormida, tendida en su
alcoba,
mi niña bonita se fue con los
ángeles
y murió muy sola.
Se quedó dormida sin decir
palabra,
se quedó muy quieta, se quedó
callada,
nunca se quejaba, nunca dijo
nada,
su rostro de niña, de niña muy
guapa,
reflejó la paz, la paz que mostraba.
En su rostro bello de niña tan
guapa
quedo para siempre descrita la
calma
que en ella reinaba, le quedo una mueca
que era una sonrisa, se marchó
feliz
y se fue en silencio, callada sin
prisa.
Mi niña bonita, mi niña chiquita,
mi perla morena,
la que siempre fue luz y alegría
de todas las fiestas,
una noche negra se fue con los
ángeles
que
sin avisarle vinieron por ella
y ella se marchó una madrugada
con
la luna nueva que el cielo ocultaba.
Mi niña no ha muerto, mi niña me
espera,
me estará esperando hasta que yo
quiera,
con esa sonrisa que muestra su cara,
con sus dos bracitos que ahora
son alas.
Mi niña en su corta vida, en sus
pocos años
fue la más feliz, fue la alegría
y eterna sonrisa.
Ella fue luna en las noches
claras
y la luz del día que todo alumbraba.
Si en verdad hay gloria, gloria
para los santos
mi niña bonita, sin lugar a duda
la está disfrutando.
No lloro, no lloro, jamás he
llorado,
pues mi niña guapa se hubiese
enfadado.
Cuando quiero hablarla al viento
yo hablo,
y escucho en el viento su voz y
su canto,
también yo escucho esos
cascabeles
que es su risa, cuando
ellos se mueven.
En el cementerio junto a su
tumba
he sembrado un árbol para que se
posen
las aves del campo y que con su
canto
acunen a mi niña que está soñando.
Mi niña bonita se marchó en
silencio sin decirnos nada,
sin tener tiempo para despedirse
de los que ella amaba,
sin decirnos adiós ni darnos un beso
y dejar sellado sus dulces y bellos recuerdos.
Mi niña bonita nos dejó el
recuerdo
de su bello rostro, su pequeño cuerpo,
su voz melodiosa, su dulce sonrisa
y su rostro bello.
en nuestros recuerdos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario