3 abr 2014

RECUERDOS

MI NIÑA, MI ÁNGEL

Era una chiquilla bonita y risueña, 
con sus ojos grandes, con sus ojos negros, 
oscuros y profundos como las cavernas, 
sinceros muy vivos color de azabache
eran en su rostro dos negras cerezas.

Era una chiquilla con media melena, 
con su rostro terso como las ciruelas, 
su nariz cortita y muy respingona, 
sus labios carnosos eran una fresa, 
sus pómulos rosas color de amapola,
sonrisa perpetua y su piel morena, 
sus dientes eran perla en perfectas hileras
hacían de aquel rostro toda una quimera.

Era una chiquilla que todos querían 
ella era alegre y lo transmitía, 
era la alegría de todas las fiestas 
y su sola ausencias; tristeza traía.

Una noche triste con la luna nueva 
se marchó mi niña, se marchó, 
me dejo muy solo con la negra pena,
no, no, no se fue de fiesta, ni a una verbena,
se fue con los ángeles donde no hay 
tristeza, ni existe pasaje de ida y vuelta.

En silencio ella se fue apagando, 
como una pavesa que de entre las llamas 
se escapó volando y quedo tendida
sobre el lecho blanco lleno de tibieza.

Se quedó dormida, tendida en su alcoba, 
mi niña bonita se fue con los ángeles 
y murió muy sola.
Se quedó dormida sin decir palabra, 
se quedó muy quieta, se quedó callada, 
nunca se quejaba, nunca dijo nada, 
su rostro de niña, de niña muy guapa, 
reflejó la paz, la paz que mostraba. 

En su rostro bello de niña tan guapa 
quedo para siempre descrita la calma
que en ella reinaba, le quedo una mueca
que era una sonrisa, se marchó feliz
y se fue en silencio, callada sin prisa.

Mi niña bonita, mi niña chiquita, mi perla morena, 
la que siempre fue luz y alegría de todas las fiestas, 
una noche negra se fue con los ángeles 
que sin avisarle vinieron por ella 
y ella se marchó una madrugada 
con la luna nueva que el cielo ocultaba.

Mi niña no ha muerto, mi niña me espera, 
me estará esperando hasta que yo quiera, 
con esa sonrisa que muestra su cara, 
con sus dos bracitos que ahora son alas.

Mi niña en su corta vida, en sus pocos años 
fue la más feliz, fue la alegría y eterna sonrisa. 
Ella fue luna en las noches claras 
y la luz del día que todo alumbraba.

Si en verdad hay gloria, gloria para los santos 
mi niña bonita, sin lugar a duda la está disfrutando.

No lloro, no lloro, jamás he llorado, 
pues mi niña guapa se hubiese enfadado.
Cuando quiero hablarla al viento yo hablo, 
y escucho en el viento su voz y su canto,
también yo escucho esos cascabeles
que es su risa, cuando ellos se mueven.

En el cementerio junto a su tumba 
he sembrado un árbol para que se posen 
las aves del campo y que con su canto
acunen a mi niña que está soñando.

Mi niña bonita se marchó en silencio sin decirnos nada, 
sin tener tiempo para despedirse de los que ella amaba,
sin decirnos adiós ni darnos un beso 
y dejar sellado sus dulces y bellos recuerdos.

Mi niña bonita nos dejó el recuerdo 
de su bello rostro, su pequeño cuerpo,
su voz melodiosa, su dulce sonrisa 
y su rostro bello.
Todo ello quedó, quedó para siempre 
en nuestros recuerdos.

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