29 mar 2014

EL PINAR

LA VIDA SIGUE 
¿Has visto María como se recorta 
el sol en la mañana tras esa palmera, 
ves como las nubes se agarran con fuerza 
a los altos montes sembrados con peñas?

Parece María que el día ya despierta 
que su luz inunda las negras tinieblas. 
Donde antes estaban sembradas penumbras 
penumbras que todo lo ocultaban 
que todo lo encierran, 
ahora con la luz del día la alegría impera.

Las aguas del río corren, saltan, cantan
y juntas una vez y otra, golpean y se estrellan 
con el tajamar de la dura piedra
que divide el agua bajo el viejo puente
de argamasa y piedra.

Observa María las lentas carretas 
que arrastran los bueyes por la cuesta aquella, 
transportan los troncos de pinos, 
de pinos que han muerto bajo el cruel filo
de las hachas; enemigas acérrimas,
las hachas asesinas, crueles, violentas.

María observa, ves, como el pinar 
llora y se queja al ver alejarse 
sus troncos tumbados sobre las carretas,
es un funeral de los de tercera.

Los pinos María dejan en el monte 
aunque hallan muerto su aroma perfecta, 
el aire huele a limpio y tiene presteza
y en aquel cementerio aún la vida late
aunque no lo creas.
De los troncos muertos sus lágrimas brotan. 
Los troncos talados sangran en sus heridas, 
esas heridas, que nunca, nunca jamás cierran.

¿María, tú también respiras, la densa tristeza? 
Que hay en el bosque donde solo quedan 
esos troncos muertos que las hachas dejan, 
dejan cubierto el bosque de esqueletos muertos,
y el ambiente lleno de densa tristeza.

La brisa del bosque, esa brisa fresca está muy inquieta, 
no encuentran los pinos con los que jugaban en la primavera.

El bosque está muy triste en él se oyó 
el rugir del hacha que al tronco acecha, 
se llevó con ella, los troncos de los pinos 
que bajan al pueblo en lentas carretas.

Canta el carretero y lloran los ejes junto con las ruedas 
y con la aguijada azuza el boyero a las lentas bestias.

María, en ti mí amada, veo en tus ojos 
que lágrimas asoman, en el tronco muerto
sus lágrimas son cual las lindas perlas. 
Yo amada mía, sé que tú añoras a esos pinos viejos 
que sombras nos daban en nuestras
muy secretas fiestas.

María, no mires más hacia el camino, 
no llores y canta, no escuches los gritos 
ni llantos ni quejas que dejan en el aire 
los ejes sin grasa, las ruedas inquietas,
de lentas carretas que bajan del monte
los troncos de pinos que dejaron el bosque
cual tierra quemada, cual la tierra muerta.

María, mañana cuando sea primavera 
en ese pinar habrá vida nueva,
habrán germinado las nuevas semillas 
que los pinos muertos dejaron escondidas
para renovar dolorosas perdidas.

María, amada mía, la vida sigue y no se detiene
donde hoy hay muerte mañana, 
la vida seguro, seguro que vuelve.

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