¿Has visto María como se recorta
el sol en la mañana tras esa
palmera,
ves como las nubes se agarran con
fuerza
a los altos montes sembrados con peñas?
Parece María que el día ya despierta
que su luz inunda las negras
tinieblas.
Donde antes estaban sembradas
penumbras
penumbras que todo lo ocultaban
que todo lo encierran,
ahora con la luz del día la alegría
impera.
Las aguas del río corren, saltan, cantan
y juntas una vez y otra, golpean y se
estrellan
con el tajamar de la dura piedra
que divide el agua bajo el viejo puente
de argamasa y piedra.
Observa María las lentas carretas
que arrastran los bueyes por la cuesta
aquella,
transportan los troncos de pinos,
de pinos que han muerto bajo el cruel filo
de las hachas; enemigas acérrimas,
las hachas asesinas, crueles, violentas.
María observa, ves, como el pinar
llora y se queja al ver alejarse
sus troncos tumbados sobre las carretas,
es un funeral de los de tercera.
Los pinos María dejan en el monte
aunque hallan muerto su aroma
perfecta,
el aire huele a limpio y tiene presteza
y en aquel cementerio aún la vida late
aunque no lo creas.
De los troncos muertos sus lágrimas
brotan.
Los troncos talados sangran en sus
heridas,
esas heridas, que nunca, nunca jamás cierran.
¿María, tú también respiras, la densa
tristeza?
Que hay en el bosque donde solo
quedan
esos troncos muertos que las hachas
dejan,
dejan cubierto el bosque de esqueletos
muertos,
y el ambiente lleno de densa tristeza.
La brisa del bosque, esa brisa fresca está
muy inquieta,
no encuentran los pinos con los que
jugaban en la primavera.
El bosque está muy triste en él se
oyó
el rugir del hacha que al tronco
acecha,
se llevó con ella,
los troncos de los pinos
que bajan al pueblo en lentas carretas.
Canta el carretero y lloran los ejes junto
con las ruedas
y con la aguijada azuza el boyero a las
lentas bestias.
María, en ti mí amada, veo en tus
ojos
que lágrimas asoman, en el tronco muerto
sus lágrimas son cual las lindas perlas.
Yo amada mía, sé que tú añoras a esos pinos viejos
que sombras nos daban en nuestras
muy secretas fiestas.
María, no mires más hacia el camino,
no llores y canta, no escuches los gritos
ni llantos ni quejas que dejan en el aire
los ejes sin grasa, las ruedas inquietas,
de lentas carretas
que bajan del monte
los troncos de pinos que dejaron el bosque
cual tierra quemada, cual la tierra muerta.
María, mañana cuando sea primavera
en ese pinar habrá vida nueva,
habrán germinado las nuevas semillas
que los pinos muertos dejaron escondidas
para renovar dolorosas perdidas.
María, amada mía, la vida sigue y no se
detiene
donde hoy hay muerte mañana,
la vida seguro, seguro que vuelve.
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