UN VERANO QUE SE VA.
Una hermosa bahía entre dos suaves lomas
la miman, la protegen, la acunan, la decoran.
Un pueblo tendido sobre un otero
donde sus horas reposa
con él las lunas de otoño hace muchos años sueñan.
Bahía linda y serena, eres la novia del sol
y el erario de esta tierra,
Bahía; eres orgullo de un pueblo que te sueña y te adora
y cuando están lejos de ti, tu belleza siempre añoran.
Un mar de un azul verdoso que se mece con sus olas
y mientras se acuna sueña, con un velero pirata
que una tarde de alta mar cazó el viento de Poniente
y partió hacia ultramar buscando islas desiertas.
Un valle verde aguacate y frondosas chirimoyas,
unos montes que los pueblan los atezados almendros,
aulagas ariscas y secas, mil jaras de blancas flores,
romeros de dulce aroma, las cabras y los milanos
las águilas y muchas aves canoras.
Campos que cruzan caminos, senderos que suben lomas,
veredas en montes bajos y trochas que salvan peñas.
Estos son los dominios por donde el grupo retoza.
Un grupo, de amigos todos ellos, muchos llegados de fuera
que acuden a la llamada con la esperanza certera
de hollar los nuevos senderos, conocer nuevos caminos,
rodar estrechas veredas y bajar trochas inquietas.
Acuden con la ilusión, de coronar altas cimas
y doblegar las revueltas.
Un rosario de colores que a los caminos se pliega.
Unos senderos rodados, senderos; que entre los valles
y los montes jugando ellos se enredan.
Cuando se empina el sendero,
cuando se muestran las cuestas
las cuentas de este rosario parecen que se disgregan.
Se dispersan, cual las perlas de un collar
cuando su hilo se suelta.
A lo largo del sendero unos parecen bailar
sobre sus
frágiles libélulas, otros; su avanzar es tan lento,
que de plomo son sus ruedas.
Siempre que suben o bajan, siempre
lo hacen, moviéndose sobre ruedas.
El sol castiga los campos, el sudor los cuerpos riegan
y van mojando caminos en los que el polvo gobierna.
No hay sendero en que no dejen,
las huellas su par ruedas,
ni vereda escondida que sus secretos retengan,
ni trocha que no conozcan,
no hay aulaga que no pruebe sangre roja de sus venas,
ni sombra que no los cobije en un momento de brega.
En las rápidas bajadas de las que son; las piedras dueñas
se oye el quejarse de los frenos, el suspiro de las amortiguaciones
y el retorcer las ruedas.
La adrenalina va a cien al salvar las piedras sueltas
y cuando esos neumáticos salen de las trialeras
se escucharía, un suspiro de alivio, si con el alma tú oyeras.
En el grupo y en la vida hay quien sube sin esfuerzo
y otros; que en cada pedalada ponen su alma entera,
ponen todas sus energías, todas sus ansias
y vacíos ellos quedan.
Pero al coronar la cima el cansancio ya no existe,
la felicidad es plena.
En los momentos más duros quieren vencer al sendero,
al camino, a la vereda, a esa trocha escondida
entre aulagas y chumberas
que no se da por vencida aunque inocente parezca.
Quieren dominar las cimas y allanar las duras cuestas,
enderezar cada curva, vencer al polvo y las piedras.
A lo largo del sendero saben dónde se cobija
las fuentes de agua fresca
y las pozas de los ríos donde sus cuerpos refrescan.
Mañana, mañana cuando el estío termine,
cuando el grupo ya se aleja,
triste y solos quedan los senderos
y los caminos sollozan,
los aguacates están tristes, las chirimoyas;
su ramas a suelo doblan
y se visten de luto almendros y cañaveras.
Que no lloren los caminos,
que a los valles la alegría les vuelva,
que un día no muy lejano tornaran a estos caminos
los que un día se fueran,
y engalanarán estos campos con alegres vestimentas,
y en los áridos senderos bailaran las agiles libélulas
de aluminio o carbono, de acero si son añejas.
¡No! que no lloren los caminos
que a los valles el verdor y el brillo vuelva,
que solo ellos se fueron para renovar las fuerzas
y mañana, si mañana, volverán a los caminos
para confrontar sus fuerzas en subidas y bajadas
de estas; tus agrestes sierras.
Mañana, si mañana; quizás mañana de nuevo;
de nuevo el Grupo vuelva.
Dedicado: A todos y cada uno que en alguna ocasión ha compartido una ruta con este grupo de amigos que se unen cada día para rodar por estas hermosas tierras. Sept. 14 – 2014. Rodriguezrodri



1 comentario:
Antonio el poeta. Por fin con un poco de retraso tengo tiempo para caminar en tu poema y las fotos. Es un placer de leerlo, mismo si no entiendo todo. La foto delante "el Jaral" esta estupenda y cuando veemos todos estos companeros de bici sorientes es muy dificil de imaginarse
que han sufrido mas de dos horas, subiendo, sudando, subiendo, sudando para acompanar el mas mayor de entre todos por su cumpleanos y de verles alla, sorientes. Muchas gracias. Abrazos. Arsenio
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