...EN LA ESTACIÓN DE TERCERA
En el solitario andén
de una estación de tercera
se ven personas que esperan
a un tren que aún no llega.
Un cura con su sotana,
el alza cuello que lleva
es lo único que se ve
en la penumbra que impera.
Una anciana señora,
señora que siempre espera
al hijo que se marchó
hace años a la guerra.
Ella espera a que vuelva,
cada día en el andén
ve trenes que llegan y se alejan,
viajero que bajan y suben,
mas nunca, nunca, su hijo llega.
Ella no pierde la esperanza,
es lo único que le queda,
de ese hijo que marchó
que marchó un día a la guerra
y nunca jamás volvió,
ni a nadie que a ella dijera,
que lo vio un día morir
en una tierra extranjera.
Tampoco nadie encontró
una cruz de madera
en una tierra lejana
en que su nombre escribieran.
El cartero está sentado,
el cartero siempre espera
a la saca del correo
que el tren siempre le entrega.
En la saca él espera
que lleguen cartas de amor,
cartas de esperanzas nuevas
y noticias; de todos aquellos
que se fueron
y nunca jamás volvieran.
Un soldado y su novia
están sentados en un banco
de la estación de tercera,
él la promete amor y ella
fidelidad eterna.
Él le dice que muy pronto volverá,
ella que no se entretenga
que lo estará esperando
en la estación de tercera.
Está el viejo barrendero
con su escoba y su espuerta
dando vueltas al andén
donde no crecen las hierbas.
En un banco retirado
más alejado de la puerta
hay una joven muy bella
con una maleta al lado
una maleta muy vieja.
Espera a que llegue el tren
y con él las esperanzas
de una vida nueva.
Espera al tren que la lleve lejos,
muy lejos de esta vida
que ella quiere olvidar
y encontrar una vida
nueva, nueva.
El tren se acerca despacio
a la estación de tercera
y con su sola presencia
oprime los corazones
de la gente que lo espera.
Unos segundos más tarde
el tren de ella se aleja
y se pierde entre montañas
cruzando valles y laderas.
En su vagón de tercera
sobre bancos de madera,
va el cura con sus rezos,
y va la joven morena
metida en sus pensamientos,
el miedo y la desesperanza
en su rostro se reflejan.
El soldado con su petate
atrapado entre sus piernas,
va mirando por la ventana,
ve, como el paisaje que se aleja.
Los cristales van cantando
una canción lastimera.
La estación está vacía,
la anciana que siempre espera,
se ha quedado dormida
en su banco de madera,
nunca jamás despertará,
ya se terminó su espera,
se le fue su poca vida
con el tren que ya partiera.
El tren, unas veces trae con él
unas esperanzas nuevas,
otras veces,
las esperanzas se lleva.
Cabalga sobre su camino de hierro
cruza valles y estepas.
El tren, el tren siempre llega tarde,
el tren siempre raudo parte,
el tren nunca se queda y espera.
El tren solo es un viajero errante
que no tiene un hogar,
al tren muchos lo esperan
pero nadie a quedarse le invita,
el tren no es de ningún lugar,
el tren no tiene un hogar.
El tren se aleja, se aleja
y con su penacho de humo
con su estridente pitar.
él se suele anunciar
a la estación en que entra.
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