AMOR DE VERANO
Hoy de nuevo he vuelto a mi playa
y de nuevo por ella yo he caminado,
contemplando su cielo de un azul intenso,
admirando sus rocosos acantilados,
he contemplado como sus azules aguas
abrazan los cascos de los barcos,
contemplando su cielo de un azul intenso,
admirando sus rocosos acantilados,
he contemplado como sus azules aguas
abrazan los cascos de los barcos,
como besan una vez y otra mi playa de arena
cual enamorados con caricias tiernas.
Mi playa, la playa de mis sueños,
esa playa a la que hace mucho,
mucho tiempo que yo no he visitado.
Las olas, sus olas siguen como antaño
con su monótono ritmo, vienen y se van
con su monótono ritmo, vienen y se van
una vez y otra.
Las palmeras, sus palmeras bailan con las
brisas,
las brisas marinas que vienen de otros mares,
y traen en sus alas las gracias y las sales
de lejanas tierras, de allende mares.
de lejanas tierras, de allende mares.
La arena de mi playa está lisa y húmeda
y ella me saluda jugando a mi lado,
la arena recibe en su seno mis pasos,
y los acoge entre sus húmedos brazos.
Mi playa acaricia mis pies y estos se amoldan
como un bebe en el tierno regazo.
Los barcos veleros, mis veleros anclados
se balancean de un lado hacia otro lado,
y enfilan su popa de cara al viento,
mirando al mar siempre en un eterno
reto.
Mis veleros no temen al mar
si el mar no es traicionero,
si el mar le viene de frente y es ese mar sincero.
si el mar no es traicionero,
si el mar le viene de frente y es ese mar sincero.
Allá en la atalaya donde hace mucho,
mucho tiempo, tiempo que yo no recuerdo
se levantó un fanal que marca a los barcos,
los acantilados que son traicioneros.
Entre las rocas anidan las gaviotas
que con sus graznar me dicen;
Que he vuelto, he vuelto a mi playa y a mi mar.
Hoy de nuevo he caminado por mi playa
y en ella, en ella entre la gente te he buscado.
Hoy he caminado por mi playa,
pero yo a ti, yo no te he encontrado.
Quizás tú no hayas vuelto jamás,
tú no has vuelto de nuevo a mi playa
en la que un día tú y yo nos encontramos,
hablamos y entre los barcos varados en su arena
también nos amamos en aquellas noches eternas.
hablamos y entre los barcos varados en su arena
también nos amamos en aquellas noches eternas.
Quizás tú ya no recuerdes mi playa,
sus arenas, sus barcos varados, sus altas palmeras.
sus arenas, sus barcos varados, sus altas palmeras.
Quizás tú, de mí y de mi playa te hayas olvidado.
Mi playa sin ti está oscura y tristes,
su mar está quieto, parece inerte,
sus veleros apenas si se mueven,
les da igual que las olas lleguen
que les llegue de donde lleguen,
que les llegue de donde lleguen,
sus palmeras ya no bailan
con las brisas que llegan del mar,
y las gaviotas mis viejas amigas,
se quedan posadas inactivas,
posadas en los más alto de los acantilados
están mudas, mis gaviotas ya no gritan.
posadas en los más alto de los acantilados
están mudas, mis gaviotas ya no gritan.
Mi playa sin ti está muy triste,
mi mar parece extasiado.
Aquel amor de verano,
aquel amor que yo no he olvidado
tú quizás no lo recuerdes,
quizás tú, ya lo hayas olvidado.
Mi playa está muy triste hoy sin ti
y yo me encuentro derrotado.
AÑORANZAS, MI VELERO
Hoy he mirado desde mi terraza
y he visto partir mi velero,
sus velas hinchadas cazando los vientos
Los vientos que traen a mi playa
desde los lejanos mares aromas extrañas,
pensamientos nuevos.
Mi velero cruzó la estrecha bocana
que tiene mi puerto.
No me dijo adiós, no me dijo nada
mi lindo velero, él no me contó
el porqué de su levar el ancla.
Yo lo vi alejarse entre los lamentos
de su maderamen y trapos al viento.
Me quede mirando por ver si viraba
su rumbo perfecto, mas él navegaba
ajeno a mis penas, ajeno a mis lagrimas.
Mi barco velero con gracia y salero
capea en el mar sus olas, sus vientos.
Mi velero navega hacia otros mares
buscará otros puertos en otros lugares.
Y yo en mi terraza contemplo
este mar que sin mi velero parece desierto.
¿Dónde has atracado me lindo velero?
¿Qué amor te retiene en extraño puerto?
Vuelve pronto a mí que me siento sola,
mi puerto vació, mi playa te añora,
y las gaviotas no tienen las jarcias
donde ellas se posan.
Suelta tus amarras e hinchas ya tus velas
que en este puerto hoy hay,
quien a ti te espera.
Mi velero no ha vuelto ni en el horizonte
se ven aún sus velas.
Pasó el invierno y ya es primavera
y las gaviotas están muy inquietas,
Un día y otro día cuando me levanto
miro hacia el puerto por ver si has llegado.
El puerto vació y la mar muy quieta,
ellos junto a mí, ellos; también,
inquietos al velero esperan.
miro hacia el puerto por ver si has llegado.
El puerto vació y la mar muy quieta,
ellos junto a mí, ellos; también,
inquietos al velero esperan.
MI VELERO Y
SUS MARINEROS
Mi velero navega cortando las olas,
su casco se queja, su trapo al viento
es esa cometa con quien juega el viento.
El viento y las vela juegan un nuevo juego.
El viento y las vela juegan un nuevo juego.
El agua del mar barre la cubierta lavando
su suelo.
Mi velero intenta salvar cada ola al vuelo.
Mi barco y el mar, el viento y las olas,
la espuma que aflora en aquel trasiego,
la espuma que aflora en aquel trasiego,
sus velas, su casco y ese marinero
que marca el rumbo de nuestro velero.
Aquel marinero que a la caña va,
mantiene el rumbo que ha de navegar.
Su quilla cual navaja corta olas y más olas
con tanta fiereza, con tanta firmeza
que el mar poderoso aunque no parezca,
parece temerlo y esconde su fuerza.
El mar ataca al velero con tanta dureza,
que estrella su furia una vez y otra
contra el maderamen con que lucha y flota.
El viento y las velas se quieren,
se aman y al mismo tiempo se odian,
se aman y al mismo tiempo se odian,
y son como dos líderes, probando
sus fuerzas.
El viento ataca, las velas lo frenan,
y juntos, muy juntos impulsan el barco
hinchan las velas, flamean su trapo,
y juntos, muy juntos impulsan el barco
hinchan las velas, flamean su trapo,
muy juntos retozan y juntos ellos,
ríen, gritan, cantan, juegan.
Mi barco navega cazando los vientos,
cortando las olas, deja tras de sí
una larga estela de espuma en el mar.
una larga estela de espuma en el mar.
Una y otra ola; una gran tormenta
oscurece el cielo, lo cubre de tinieblas,
y solo se ve por la luz, que rayos generan.
oscurece el cielo, lo cubre de tinieblas,
y solo se ve por la luz, que rayos generan.
Mi barco velero que una vez y otra,
lucha con los vientos se aproa y se escora.
lucha con los vientos se aproa y se escora.
Este mar fragoso no hay quien lo domine
ni barco que pueda seguir curso firme.
La quilla de mi barco velero gime, cruje
parece decirme que sufre y que sufre.
Él, más quejarse le dice al piloto.
Mantente muy firme,
yo solo me escoro
sigo navegando
sigo navegando
y lucho por todos.
Sus velas al viento se hincha y se aflojan
el viento varia, mi barco se empopa,
a la vez se escora.
a la vez se escora.
El viento y la mar juegan con mi barco
lo mismo que el aire con las mariposas.
El viento azota una vez y otra
las velas, los mástiles, mi velero se vuelve pesado,
no es tan marinero, no es tan gobernable,
tampoco navega, con rumbo certero,
sus velas no cazan bonancibles vientos,
ni corta las olas que son para él
su peor tormento.
Mi velero solamente intenta flotar y flotar,
mantener sus mástiles apuntando al cielo.
Se arria la mayor, se larga la cangreja,
mi velero se ciñe al viento e intenta dejar
tras de sí la gran tempestad.
tras de sí la gran tempestad.
Aquel marinero que va a la caña,
la mantiene firme mientras en su cara
recibe los dardos del viento y del agua.
Mantiene el rumbo, se enfrenta
a las andanadas de una ola y otra ola
que nunca se calman,
que vienen, una tras y besan su cara.
que vienen, una tras y besan su cara.
Mi velero ahora, unas veces cabalga
a la grupa un pura sangre
con cuerpo de espumas y crines de aire,
otras se derrama en lo más profundo
de un mar que no calma que ruge y se hunde.
El que va a la caña intenta con mucha pericia
experiencia y maña
experiencia y maña
mantener el barco sobre este mar tan brava,
este mar que grita, que ruge, que brama,
que sube a lo más alto y al abismo baja.
Un mar en el que nubes de espumas de plata
ocultan sus verdosas aguas.
Mientras el marino mantiene con firmeza la caña,
sus labios murmuran una inconclusa plegaría,
a la virgen del Carmen, tan buena y santa.
El marinero intenta mantener el rumbo
y cortar las olas de frente, de cara,
más esa tarea es dura y muy ardua,
con esta tormenta el barco es una boya
frágil y desanclada en las agitadas aguas.
frágil y desanclada en las agitadas aguas.
Se rompieron sus mástiles,
en sus velas el viento se colaba,
la caña partida, el timón no manda.
Mi velero es una cascara de nuez
en una mar brava, de aguas agitadas.
Mi velero con sus marineros
y con el piloto que estuvo a la caña
se encuentra varado sobre el lecho virgen
de coral y algas.
El mar fue la tumba de mi barco velero
y él es; el panteón de sus marineros.
En él no hay cruces, ni flores, ni rezos,
ni llantos, ni lloros, ni un gran epitafio
que hable de ellos.
que hable de ellos.
En el malecón que guarda mi puerto,
hay hoy y ayer mujeres vestidas de negro
que miran hacia el mar intentando ver
las velas o los mástiles de algún velero.
Mi barco, nunca, nunca más atraco en un puerto,
ni volvió a anclar en el abrigo de un
abra,
ni nadie sabrá jamás dónde está ese lugar,
ni nadie sabrá jamás dónde está ese lugar,
ese mar que se lo llevó a lo más profundo
de la eternidad.
de la eternidad.
Pasaron los años y en el malecón
se ven negras sombras junto a su
frontón,
se escuchan murmullos de algunos rezos
y ojos cansado mirando a lo lejos
con desasosiego.
con desasosiego.
Mirando hacia el horizonte por si ven venir
las velas de un barco de aquel mi velero.
las velas de un barco de aquel mi velero.
Mi barco se hundió y fue panteón
de sus marineros
y su mascarón mira hacia el cielo
sin que puedan verlo.
Mi barco se hundió y con él se hundieron
todos los marineros,
mi barco se hundió y con el mi amor
y todos mis sueños.
En ese lugar donde está su tumba, su panteón
el lecho perpetuo, él quedo varado y yo;
varado con él y con él muriendo en mi puerto.
MIRANDO AL MAR
Sentado en mi atalaya contemplo un mar en calma,
observo sus suaves olas que apenas si hacen ondas
cuando llegan y se marchan después de besar
la playa,
con su suave murmullo mi espíritu se relaja
y hace volar mi mente
de fantasías colmada.
Me siento yo capitán de una goleta armada
con cien
cañones por banda y me siento yo corsario de las
costas africanas, bucanero del Pacifico y las islas
antillanas.
Mis sueños son solo sueños, delante de mí hay,
una muy linda estampa.
Una barca surca la más linda de las bahías,
un moreno marinero va sentado a la caña,
la gobierna con firmeza mientras canta una
habanera
la barca rompe el espejo con su quilla de madera
y corta la mar serena mientras se baña en sus aguas.
El marinero y su barca navegan cruzando la ensenada
van buscando de una playa donde habitan las sirenas.
Ante mí un horizonte con el sol en su cenit,
que con su luz él argenta la superficie del mar,
las gaviotas posadas en el rocoso acantilado
mientras observan la playa y la bocana del
puerto
por ver si ven un pesquero que navegue hacia el
puerto.
Las palmeras de la costa muestran sus paraguas
quietos
esperan que nuevas brisas refresquen sus fundamentos.
En la lontananza un barco cruza con calma muy
lento,
parece tocar el cielo, tras sí lleva una
estela
llena de estrellas del cielo.
El mar está muy tranquilo y en esa calma sereno
se va llenando de barcas que bañan sus
aparejos
para pescar los peces que dominan este reino.
Los marineros faenando en las cubiertas no
paran,
lanzan el arte a la mar en él buscan de que
vuelva
sin carnada.
El sol sigue caminando, más que caminar cabalga,
el sol se va descolgando y su caminar no para.
Deja sobre el mar un surco, surco de oro con los
ribetes de plata, que solo dura un momento,
mientras que el sol se escapa.
La noche se hace presente en el silencio y la calma.
Las estrellas van cubriendo la
gran bóveda azulada
y el mar va recibiendo, sus reflejos en el agua.
En el mar solo se escucha el rumor de sus olas
al estrellarse en la playa y en su superficie se ve,
el reflejo de la luna cuando por el cielo pasa.
Ya no hay gaviotas en el aire,
ni en las palmeras posadas,
solo luces a los lejos en el abra,
de barcos que están pescando,
barcos juntos faenando,
barcos; que pronto volverán a casa.
Ya no hay marineros que canten,
ya la noche está cerrada,
y mi mar está tranquilo y yo le digo;
Buenas noches, hasta mañana.
Mañana cuando despierte
y me asome a mi ventana
veré mi mar con sus colores profundos,
sus grandes acantilados
sus barcas acostadas en la playa
y al sol bañándose
y jugando con sus aguas.
MI MAR HOY, HOY ESTÁ, EN CALMA
Mar, espejo de luna de plata serena,
de finos diamantes que brillan
en las noches que lunas sosiegan y calman.
Mar que se adorna con perlas de nácar
de conchas que son madres perlas
que cubren tu cuerpo, que saben que adoras,
que esperan otros tiempos y otras primaveras.
Mar sereno, donde tú cada día navegas.
De día el sol te acompaña, de noche
la luna ilumina tu estela de plata,
de espuma con brillos de perlas,
perlas engarzadas.
Mar que en ti se bañan luceros radiantes
que cruzan el cielo en noches serenas
en las que tú velas y yo en ti navego
buscando las playas desiertas.
Mar donde un velero con casco de plata
rompe con su quilla tu sereno espejo.
Tu espejo argentado, que tiembla, que rila,
que baila
mientras que la luna se baña en tus aguas.
Mar serena en tu cara luces muy lindas estrellas
a cual más brillante a cual más serena
a cual más lejana, a cual más esbelta;
¿Cuál de todas ellas es la más bonita,
quizás la más bella?
Mar en calma, la luna plena peina en ti
cabellos de plata, con peine de rubíes
y púas nácar.
La luna llena que en ti cada noche se baña,
la luna que mira, a tus negros ojos,
como embrujada
y cada noche contigo, contigo habla, habla y habla.
La luna y el mar, el mar y las estrellas,
este mar en calma,
este mar dormido cuando en si descansa,
cuando no despierta jamás con un ruido,
cuando tú navegas, navegas tranquilo
sobre él navegas, navegas tendido.
Mar inocente de aguas tranquilas,
mar inofensivo si te encuentras en calma.
En este mar en calma no hay barco velero
que cace a los vientos con sus velas blancas,
ni hay marinero que no se aletargue si va a la caña.
Más, cuando este mar, este mar se enfada,
cuándo el mar me grita, cuando el mar me ruge,
cuando el mar me chilla, cuando el mar me brama,
no hay marinero que no tenga miedo,
ni barco velero que no añore tiempos
de pasadas calmas, no habrá ningún barco
que no añore esos días, en que este mar,
este mar furioso está en densa calma.
Mar y viento, luna argentada,
cometas al viento, gaviotas aladas,
mar embravecida con olas tan altas,
que no hay acantilado que ellas no escalan.
Olas bravas que son coronadas
con tiaras de espuma, de espuma blanca,
cantos de sirenas, caracolas que cantan
al paso del viento, olas y más olas solo olas bravas.
Olas que brinca, que saltan que hacen de los
barcos
juguetes pequeños que suben, que bajan,
juguetes del viento y de olas altas,
de un mar que hoy ruge, de un mar que da miedo
escuchar cuando él ruge y él brama.
Hoy mi mar, hoy mi mar duerme,
mi mar está en calma, mañana quizás,
mi mar me enseñe su cara amarga.
mi mar está en calma, mañana quizás,
mi mar me enseñe su cara amarga.
HOY MI CORAZÓN LLORA.
Es tarde y el sol se despeña por el horizonte,
el mar se lo guarda para sí,
quizás lo quiera solo para él,
quizás no lo quiera de nuevo compartir.
Hoy estoy triste y nos es porque el sol se
marche,
pues sé, que a pesar del mar el sol
regresará mañana.
Mañana cuando yo despierte el sol estará
de nuevo un día más, llamando en mi ventana.
Hoy estoy triste mientras mi corazón llora
y yo escucho cantar un ruiseñor en la maraña
de las ramas de un olivo verde,
un olivo florecido que hay en
el jardín de mi casa.
El ruiseñor ajeno a mi pena canta, canta.
El ruiseñor en su canto pone el alma
y en mi triste corazón hay un torrente de lágrimas.
.- ¿Por qué lloras corazón?
¿Qué es lo que a ti hoy te pasa?
Tú que has sido la alegría de cada hora pasada.
.- Lloro porque entregué mi amistad
y no han sabido valorarla.
Lloro porque repartí cariño
y recibí destemplanzas.
Lloro porque no han sabido leer,
entre mis líneas hilvanadas
lo que mi alma decía
y mi corazón declama.
.-No llores más corazón,
que el sol de nuevo saldrá mañana
y dará brillo a tu mar,
luz y calor a tus campos y montañas
y dará vida a los nidos que hay tejidos
en el olivo escondido entre sus ramas.
No llores más corazón,
que la amistad y el cariño
tú lo siembras mas;
no en toda tierra arraiga.
No llores más corazón que
habrá de nuevo un mañana,
y de nuevo cantaran las alondras
en las extensas besanas
para despertar el alba
y traer un nuevo día
por donde el sol campa.
Mañana te dará lo buenos días
el mar con sus olas blancas,
con sus playas arenadas,
con sus palmeras erguidas
que con los vientos se abrazan,
con sus gaviotas vocingleras
que están posadas en las jarcias
con esos barcos veleros
que suave se columpian y tienen:
sus grandes velas arriadas.
.-No llores, corazón mío
que de nuevo saldrá el sol,
como siempre, como cada día
de nuevo al rayar el alba
que anuncia un nuevo día.
El sol se despedía del día tras la línea alejada
que forman el cielo y el mar y esas nubes
rasgadas,
pintadas de oro y sangre, por donde el sol se
escapa.
Y en el verde olivo, el ruiseñor canta, canta, canta.
Mañana será otro día, mañana sí,
otro nuevo día será mañana
y mi corazón habrá olvidado
el motivo y el porqué,
por qué hoy mi corazón,
hoy; mi corazón lloraba.
BAHÍA CONTIGO YO SUEÑO.
Bahía chiquita, bonita, caprichosa, coqueta,
celosa del mar, del sol, de la luna y de las
estrellas
que en ti se bañan y en ti descansan antes de volar
mi alma inquieta.
Y tú mi bahía eres tan bonita y tan hermosa
que hasta la espuma que adornan las olas
se sienten grotescas ante tu belleza.
Bahía de belleza innata, tú eres esa dama
que en ella harapos son trajes de gala,
que estás coronada con las luminarias
de grandes diamantes y de rosas cándidas.
Bahía; tus azules aguas lucen camafeos
de piedras preciosas, zarcillos de oro
blanco
que engarzan brillantes de muy lindas aguas
collares de perlas muy bien engarzadas,
adornan tu cuerpo de linda princesa
y tu lindo cuello escote de reina.
Bahía es tanta, tanta tu belleza
que siempre a tu lado van dos caballeros
para protegerla.
Son dos caballeros de alto abolengo
y mucha nobleza.
Son dos caballeros que visten
con cota de malla, coraza en el pecho,
con yelmo de plata y penacho de plumas al
viento,
espada de templado acero, calzan en sus pies
espuelas de oro bruñido con cintas de cuero
suave y muy negro.
Bahía quien a tu ensenada llega,
en ella se queda
y en tus playas viven caballos de mar
y hermosas sirenas.
El mar, ese mar que es tu compañero
amante sincero del cual tú bahía,
siempre sientes celos.
El mar, tu amante perpetuo,
tu fiel y gran compañero
que llega a tu puerta una noche y otra
y espera paciente a que tú le abras
la puerta, la puerta que siempre tú cierras
y cuando está dentro, no quiere marchar,
contigo se queda para siempre el mar.
El mar es tu amante, es tu amor de siempre,
es tu amor; el mar.
Bahía chiquita, eres muy bonita,
pequeña y mimosa y muy caprichosa,
coqueta y celosa y a la vez tú eres;
tan linda y tan atractiva que de ti las
olas
se sienten celosas y se van y vuelven
una vez y otra, no quieren, no quieren
que te quedes a solas, a solas;
tú y el mar.
Tus azules aguas visten con estrellas,
tus limpias arenas que el mar las lava
y, suave besan.
Tus regias palmeras erguidas esperan
a que las suaves brisas, las acune, las meza
en las tardes densas de sol y de ardor.
Esas suaves brisas que en las tardes claras
traen a ti bahía, aromas lejanas,
fragancias de otros mares,
perfumes de tierras extrañas,
esas brisas traen entre sus sutiles alas
canciones y sones que han sido entonadas
por voces foráneas por voces,
voces quejumbrosas lejanas, muy lejanas.
Canciones que cuentan historias muy bellas,
que cuentan leyendas que dicen y que hablan
de lindos amores, de grandes batallas,
de hechos muy heroicos, de grandes hazañas.
Brisas que te traen hasta ti bahía,
historias pasadas
que han sido escritas en tierras foráneas.
Bahía, tus días son claros, tus aguas son
calmas,
tu color azul con verde esmeralda,
tus olas sencillas, tu luz es diáfana,
en tus noches tranquilizas la luna se
embriaga
de tanta belleza que encierra tu alma.
En tus noches claras, en tus noches mágicas,
estrellas y luceros se bañan en tus playas
y la luna plena peina sus cabellos
en el gran espejo de tus, sosegadas aguas.
Bahía, mi bella bahía, chiquita, mimosa,
coqueta y muy caprichosa que siempre
acompañada
de dos caballeros de gran abolengo
con largas espadas de templado acero,
con cota de malla, con peto en el pecho
y calzan ambos ellos, espuelas de oro,
que se las calzó mi linda bahía
cuando los nombró sus dos paladines
en aquel torneo.
Mi linda bahía cuando estoy muy lejos,
con esa tu belleza yo sueño, sueño, sueño.
PAISAJE DE PRIMAVERA.
Hoy he mirado al campo desde mi ventana,
el campo, esos campos que rodean mi casa,
en ellos he visto a la primavera que muy silenciosa
sin decir palabra en ellos ha plantado su bella morada
y por el campo alegre y despreocupada,
corre, pinta, canta, salta, campa.
Hoy he mirado al campo desde mi ventana,
el campo, esos campos que rodean mi casa,
en ellos he visto a la primavera que muy silenciosa
sin decir palabra en ellos ha plantado su bella morada
y por el campo alegre y despreocupada,
corre, pinta, canta, salta, campa.
He visto los campos níveos de margaritas
blancas,
y encajes en oro que otras me mostraban,
laderas de almendros verdes, en la lontananza
que muestran su tierno verdor
y sus flores tiernas y aún casi blancas.
He vistos a ejércitos de abejas libando el
néctar
de los aguacates que ya floreaban,
penachos de flores los mangos mostraban,
y el campo completo de hierba frondosa,
verde, verde, verde su suelo alfombraba.
Escuché al arroyuelo como él cantaba,
y vi las mimosas que lo acompañaban
vistiendo sus galas de fiesta,
teñidas de gualda completas estaban.
Era ese el cuadro el que me mostraba
el vasto horizonte desde mi ventana.
Me senté un momento contemplando
el lienzo que ante mi estaba
y escuché, el alegre trino de una calandria
que hacia su nido junto debajo una lada.
En un cardo alto que ufano se mostraba
se habían posado un par de jilgueros
que alegre cantaban,
se hacían carantoñas y mimos se daban
el uno y el otro en cortejo estaban.
Una perdiz roja en una costana,
con ansia y con mimo hacia su llamada
a una compañera que lejos estaba,
la ofrecía su nido estaba muy nerviosa
por si no aceptaba.
He visto desde mi ventana el lindo paisaje
que muestran mis campos vestidos de gala,
su diseñador es la primavera que llego
a mis campos de hoy para mañana.
Cerré ambos ojos por ver si soñando estaba
y hasta mi llegaron las dulces fragancias
del blanco azahar que me embriagaba,
del jazmín florido olor que empalaga,
del fuerte romero, de las duras jaras,
de bello cantueso, aromas de espliego,
y el tierno aroma de la fina lavanda,
los verdes olivos que hacen su parada
en el horizonte
me muestran sus menudas flores,
tan lindas, chiquitas que muchas sobraban.
Contemple a las tórtolas en cables posadas,
con cuanta ternura ellas se arrullaban
y a las palomas volar en bandadas,
ya los estorninos ya se retiraban
a las vastas dehesas donde ellos tienen
en cada encina sus casas guardadas.
La noche me encontró mirando este cuadro
de tanto colorido de belleza innata,
me encontró escuchando esas melodías
que uno escucha sin darse ni cuenta,
me encontró extasiado con esas aromas
que emanan del campo y el aire transporta.
Mis campos floridos, es la primavera,
que se ha asentado sin que yo me diera,
me diera ni cuenta de que había llegado.
Es la primavera que ha pintado un cuadro
que yo lo contemplo, lo huelo, lo escuchó
desde mi ventana si un día yo la abro
y miro a su espejo.
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