16 dic. 2014

AL AMANECER EL DÍA



MI HABITACIÓN.

Sentí que la noche se me escapaba
entre esas nubes que anuncian el alba.
Sentí un escalofrió que embargó mi alma,
mi cuarto está frío y fría está también mi cama.

Un rayo de sol aún recién nacido 
se coló curioso por mi ventana 
y sin pretenderlo
rompió el silencio y la oscuridad
y rompió el misterio de mi habitación.
Y sin él quererlo, él escacharró
el momento mágico de mi habitación.

Mire hacia el techo y hacia el tocador
donde siempre estuvo tu lindo joyero 
de oro y de nácar cubierto de sol, 
en él tú guardabas tus joyas queridas,
tus perlas bonitas y hasta tu reloj.

Sobre él no estaba aquel suave cepillo
con el que alisabas tus lindos cabellos
que son el columpio de un rayo del sol.

Está el tocador limpio y vacío, 
sobre él no hay nada que de ti recuerde, 
nada que en mí evoque tu linda mirada;   
ni joyero lindo, ni peine de plata, 
ni el pincel suave que tú acariciabas.

Recuerdo que un día te fuiste, 
y yo cada mañana te sigo buscando 
en mi habitación que está inundada
por un neófito, rayo de sol.

Busco y nunca encuentro y ya se me olvida
tu suave y dulce fragancia a violetas y lilas, 
tu linda figura de diosa helena, 
toda tu hermosura sencilla y fresca
y tu linda cara siempre esculpida en una sonrisa.

Te extraño, te extraño en cada minuto 
que tiene mi día.
Te busco extrañado en mi habitación 
al nacer el día.


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