11 jun. 2015

SIGO ESPERANDO.

LA ESPERA

Esperé desesperado a que tú llegases,
mas tú te demorabas y el sol ya se escapa 
y ya se oculta tras las cortinas escarlatas 
que un generoso horizonte que trata 
de cubrir su huida para no encontrar 
a la luna enamorada de ese sol 
que ya se desliza por el rojo tobogán.

Espero, mas tú no llegas 
y el sol hace mucho que se fue 
y la noche ya se adueña de la ciudad. 
La luna y las estrellas hace tiempo que cubrieron 
el cielo que del sol fue, el sitial donde reinó.

Poco a poco los neones dan luz, 
color, ternura y esa cálida hermosura 
que es la luz de neón para la ciudad a oscura.

A través de las ventanas con las persianas subidas 
se mueven sombras chinescas que la luz de las viviendas 
en los cristales proyectan y las muestra.
La sombras dicen; que en estas casas hay vida.

Y tú no llegas, tú no llegas y te demoras, 
¿Quizás aún no sea la hora?

El reloj de la estación marca la hora embrujada 
y la luna es la testigo de mi espera y tu tardanza, 
en la esquina, en la esquina de esa plaza 
que a esta hora está vacía, silenciosa y apática.

¿Quién te retuvo mi amor?
¿Quién te atrapó entre sus brazos?
¿Fue quizás una flor de un rosal del jardín,
del jardín que está en torno a tu casa?

Tengo flores hermosas de fragancias olorosas 
en el jardín de mi casa. 
Flores que se marchitan 
esperando tu llegada.
Tengo una fuente cantarina 
que su agua es tan fresquita 
que los rayos del rey astro
en ellas se precipitan 
para calmar su sofoco.

Mañana, estaré de nuevo 
en la esquina de la plaza 
esperando tu regreso 
y mientras espero contemplo 
a la gente, la gente que por ella pasa,
y que en ella se divierte y se explaya.  

No te entretengas amor mío
que las rosa del rosal de mi jardín
te están esperando a ti 
para poder mostrar su color y su fragancia.


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