27 nov. 2015

EL CORRER DEL RELOJ II



LA ESPERA FINAL
Una tarde más sigo esperándote, 
en el banco del parque que tú conoces 
y el sol corre y corre  
las nubes cubren y descubren 
su rostro ardiente. 
Las nubes de la tarde se vuelven cobre.

Una paloma vieja con dos muñones
y con un ala herida a mí se acerca, 
me mira y me suplica con ojos tristes, 
me suplica que de ella me compadezca. 
La echo las migas de un bocadillo 
olvidado en el banco por algún niño
para que ella coma, mas ella no come 
quiere que la liberé del sufrimiento
que ella mantiene.

Unos niños pasan, pasan jugando 
y me miran y se miran unos a otros, 
de mí, los niños, se están burlando.
Ellos saben que yo cada tarde paso, 
en este triste y solitario banco, 
mirando con impaciencia hacia los lados.

Ya la tarde declina en el horizonte 
y las nubes del cielo se vuelven cobre. 
Ya las aves retornan hacia sus nidos 
y la pobre paloma también se ha ido.

Mi paciencia también, también se acaba 
me levanto del banco para marcharme. 
Me levanto y vuelvo, vuelvo a sentarme. 
Una parte de mí me dice ¡Ya basta!, 
deja ya de esperar que ella no viene 
que sólo quedo contigo para entretenerte.
La otra me dice, sigue sentado, 
que esta tarde ella viene, 
que está llegando.
Y yo escucho a la última en la esperanza
de que tú llegues y no me importe esta
tardanza.

El cielo ya se oculta en el horizonte,
las nubes que se ven son; todas de cobre, 
ya el parque quedó solo y vació 
y las finas farolas se han encendido.

La brisa de la tarde se ha hecho dueña 
y todo lo invade y lo refresca.

Cansado de esperar yo me levanto 
y miro hacia la izquierda y a la derecha,
miro y remiro a todos los lados.

Mi corazón roto ha dado un brinco.
Me parece haber visto tras un seto alto 
a esa persona que hace tiempo 
estoy esperando.
Corro yo hacia ella y en tres saltos 
la tengo entre mis brazos 
y la estoy besando.

Ella quiere hablarme mas yo la callo 
con un beso muy tierno y casi eterno, 
largo muy largo.

Las calles se iluminan con los neones 
con esa luz cálida y tierna que ellos le ponen.

Por la acera adelante se ven dos jóvenes 
que caminan abrazados y sin hablarse 
solo se besan y miran a cada instante.

 Que vacío y solitario está hoy el banco, 
mi banco del parque.
que feliz estoy yo al tenerte entre mis brazos 
y poder besarte a cada instante.


1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Querido amigo.

Me ha encantado la segunda parte de esta linda historia de amor que has empezado a escribir.

¡Síguela! Espero, tengan los protagonistas, un feliz final. Parece que sí.

(Me haces suspirar)

Como siempre, un abrazo tu amiga Eva