3 abr. 2016

UN ADIÓS...

...UN HASTA SIEMPRE.
 No, no puedo permitir que por mi culpa 
tú sufras.
No, no puedo permitir que para ti 
yo sea un castigo.
Por eso prefiero que te marches, sola, 
sola, sin irme yo contigo.

Siento que te vas, que ya te has ido, 
que nada puedo hacer por retenerte, 
que quizás para siempre te he perdido.
Yo nunca quise hacerte daño ni ofenderte.

Creo que todo lo que ocurrió y ha ocurrido 
sea fruto de malos entendidos, 
de pretender leer lo que nunca se ha escrito, 
quizás de no poder hablar cara a cara y de frente, 
mirándonos a los ojos para ver lo que se dice 
o, como se dice o, como se ha dicho.

Quizás sea la forma de expresarse, 
cuando ambos, nos separa lo infinito, 
los dos mamamos de la misma ubre, 
pero de pechos y madres diferentes.

Siento y lo siento más de mil veces, 
que creas que yo te he ofendido, 
siento y lo siento y a mí me duele 
que tú por mí culpa hayas sufrido.

El parque, nuestro parque 
se ha quedado triste, 
el banco nuestro banco está cubierto 
por una capa de musgo y de relente,
nuestra aquella, aquella nuestra fuente 
se ha secado,
el parque está triste, está solo, está silente.

El rosal donde tú olías sus rosas 
ahora está marchito 
y ya no canta aquella fuente aquella 
en la que bebían los lindos pajaritos.

Te fuiste o ya te has ido 
quizás de esta manera lo quiera el destino.
No quiero que tú sigas sufriendo a mi vera 
te tengo tanto respeto y tanto cariño 
que nunca por mi causa quisiera que sufrieras.

Que seas muy feliz donde quieras que tú fueras 
y solo te deseo en tu vida primaveras, 
y que, aunque sea en una de tus noches en vela 
me recuerdes como a un amigo se recuerda.

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