11 may. 2016

A UNA PIEDRA...

... DE UN CAMINO.
Los cielos se me abren,
las carnes a mí me gritan,
las piedras de los caminos
están malditas.

Las piedras vagan errantes
no tienen prisa,
no tienen otro destino
que aquel, del que las pisa.

Ruedan por los senderos
ruedan alegres,
siempre miran hacia el cielo
para no perderse.

Una noche un peregrino
golpeó a una,
y rodando cayó al suelo
y vio la luna.

La luna y las estrellas, 
con sus luceros 
son amigas de las piedras
de los senderos.

Una piedra redonda
de los caminos,
caminando conmigo 
marcó, mi destino.

Esas piedras humildes
de los caminos, 
nunca serán piedras 
de las columnas 
de una iglesia románica
ni de una tumba.
Esas piedras redonda 
de los senderos no serán
nunca las piedras claves
de los cruceros
de ningún templo.

Esas piedras redondas 
de los caminos
han sido y serán compañeras
de caminantes y peregrinos.

Hoy la noche es oscuras, 
es, noche muy negra, 
las noches oscuras
siempre me acechan.

Las piedras del camino 
chicas y redondas 
me marcan el camino 
en las noches de las tinieblas. 
Ellas las piedras, son las guías 
para que no me pierda.

Un día caminando por
un camino 
una piedra muy humilde
vino conmigo.
Ella siempre me dice 
por donde voy, 
ella siempre me dice. 
¡Aquí yo estoy! 

Los caminos y las piedras
siempre han sido buenos amigos.

Los caminos y senderos 
siempre han sido; amigos míos.

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