23 jul. 2016

LOS AROMAS DE MIS RECUERDOS

Y MI NIÑEZ.
Cuando me siento solo
vienen a mí los recuerdos 
recuerdos de mi niñez,
de mis campos, de mi pueblo.
Siento que llegan a mí 
los aromas de los campos,
de esos campos en flor 
con los que a veces yo sueño 
y yo lo vuelvo a vivir.
Vivir de aquellos recuerdos.

El romero que despierta 
antes de salir el sol,
las jaras que con su ládano 
van destilando sus aromas 
y lloran lágrimas de goma
que te agarran y te toman
y contigo ella se fue.

El tomillo y lavanda 
con sus aromas permanentes 
las sueltan tan lentamente 
que impregna todo el ambiente 

En los ambientes más húmedos 
la frondosa madreselva 
se cobija a las sombras, 
huele a dulce y muy melosa 
las madreselvas son ellas;
tan dulces y empalagosas.

Las más austeras y sencillas 
son las adelfas esquivas,
ellas que frondosas crecen
a la orilla de los arroyos
entre mimbreros y juncos, 
entre fresnos y rebollos 
y beben de las corrientes. 
Sus aromas como ellas 
son austeras y esquivas
huelen solo cuando el alba 
las besa e ilumina.

Y esas erectas retamas 
que a sus pies la hierba duerme, 
huelen ellas a mies segada recién
y al rastrojo presente 
en la besana silente.

Huele a campo, huele a cielo, 
a lluvia recién caída 
que refresca el duro ambiente, 
y huele a esparto crujiente. 
Huele a campo que se vierte 
desde el alba hasta el ocaso 
y en las noches de verano
el campo nunca se duerme,
él permanece velando.

Recuerdo yo los aromas 
que me llevan a mí niñez 
y que duermen en mis recuerdos 
esperando a que yo un día 
los despierte, los despierte
y junto a ellos volando 
yo los vuelva a oler 
y poder seguir soñando.

Olor a tierra mojada 
por la lluvia que en mis sueños 
caen sobre las besanas 
regando el campo sediento, 
que nunca duerme 
y durmiendo está gritando. 

Huele a aromas de mi niñez 
que mi cerebro retiene 
y vuelven a mi otra vez 
a la vida de los sueños. 
De mis sueños de niñez.




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