...LUGAR.
El roció de la noche se ha posado
en los pétalos bellos e inmaculados
de la rosa más linda de un rosal,
de un rosal que se mece y se recrea
muy cerca de la fuente de la alberca
que entretiene a la flor con su cantar.
Un jilguero engreído y enamorado
a la fuente pretendió desafiar
queriendo que la fuente su canto enmudeciese
ante su bello y melodioso trinar
y a si, a su amada poder enamorar.
La fuente ajena al canto y al jilguero
sigue con su monótono cantar,
el jilguero gorjea y trina con denuedo
posado en un tallo del rosal.
Ensancha las suaves plumas de su pecho
para así más grande y más bello aparentar.
Su amada ajena al inútil desafío
se afana por su nido terminar
y no mira al jilguero engreído
que su tiempo y su vida se le va
en su cantar.
La rosa se mece suavemente con la brisa,
las gotas del agua de la fuente
la suelen refrescar,
el jilguero rendido ante la obstinada fuente
silenció su lindo y melodiosos cantar
y a su amada ayudó, a su nido terminar.
El orden y la armonía retornó a aquel lugar.
El agua brota espontánea en la fuente,
la rosa ocupa su preferente lugar,
el jilguero trina cada día alegremente
y su amada se afana por sus huevos incubar.
Una libélula ajena y distraída
vuela suavemente y se posa en la flor
de un nenúfar.
Alberca serena y tranquila es el espejo donde el cielo se suele retocar.


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