La oscuridad me envolvió
cuando tú me abandonaste
y sin decirme un adiós
seguiste por el camino
de un solo caminante,
sin nadie con quién hablar
ni tener acompañante.
Un camino solo y triste,
inédito y enigmático.
Un camino;
que todos hemos de andar,
sin saber cuándo será
de él, no nos podemos librar
en él;
no hay diferencias de clase.
Por él tu hijo mío,
caminando te marchaste
La penumbra en que yo vivo
desde que tú te alejaste,
es la misma oscuridad
que envuelve al caminante
cuando en las encrucijadas
no hay señal en los cruceros,
que el camino nos marque.
Yo deambulo por mi vida
desde que tú nos dejaste.
Carezco de un rumbo fijo,
te busco y no te encuentro
para poder yo abrazarte.
Solo te encuentro hijo mío
en mis recuerdos de ante.
Yo te hablo y no respondes.
Sé que tú, puedes hablarme,
por ello quiero decirte
que me hables, que me digas
como lo hacíamos antes.
Hijo, mío; sea como sea
yo quiero a cada ínstate hablarte
que tú me escuches cariño
y decirme,
lo que tú quieras contarme.
Miro en mi rededor
cada momento e instante
queriendo yo encontrarte
y solo veo la fecha del día
en que tú marchaste.
Quiero dormir hijo mío
porque yo quiero soñarte
y en sueño poder abrazarte.
Y decirte cuánto te añoro,
cuánto siento el vacío
que dejaste al marcharte.
Tu espacio nunca, lo podrá
llenar ya nadie.
Jamás podre yo dejar de quererte,
de soñarte, de hablarte...
Nunca podre yo olvidarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario