Hola David hijo mío;
cuanto te echo de menos,
cuanto sufro yo hijo mío,
esa tu ausencia obligada
que nos dejó tan vacío.
Ese vacío que nada puede llenar,
que no sea, el amor y el cariño.
Nada ni nadie David,
puede colmar el vacío que dejaste.
Tan solo el amor, la esperanza
la fe, los recuerdos, el amor y el cariño.
David, hoy;
he tenido un inesperado encuentro
con un amigo querido,
que sabe mucho de amor,
de pena y de dolor, también;
de favor, de esperanza y de fe
que lo mantienen erguido.
A
UN BUEN AMIGO QUERIDO.
Un encuentro fortuito,
un abrazo con cariño,
unas palabras que nacen
de unas almas que han perdido
ilusiones y esperanzas
los sueños que no han soñado,
y el futuro,
qué ya no lo siente suyo.
Amigo mío;
que feliz hoy me he sentido
al
poderte abrazar
con devoción y cariño,
cual el abrazo de un niño.
Por un momento
me he sentido feliz
a verte bien y tranquilo
aunque sé yo que el dolor,
la pena y el desasosiego
van caminando contigo
y nunca abandonaran
tu corazón y tu alma
ambos dos tan mal heridos.
Sabes
bien,
que caminamos muy juntos,
juntos por el camino perdido
que no tiene meta alguna,
que no sea;
el mirar hacia los tuyos.
Ese dolor y esas penas
con el pasar de los tiempos,
se convierten en otro amigo
que nunca hemos buscado
pero sigue, nuestro camino,
el que un día comenzamos
y no tiene, un deseado destino.
Se
fuerte amigo mío,
mira al frente al caminar
recordando lo que has vivido.
Siéntete acompañado
por esos muchos amigos
que junto a ti caminamos,
el camino del olvido.


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