Hola mi amor;
¿Estás tú bien, cariño mío?
El tiempo está alegre
y el horizonte altivo,
mirando allá a lo lejos
contemplo que se casan la tierra,
la tierra con el cielo,
igual que sé emulsiona el agua,
con el sudor del hielo.
Aquí sufrimos cual nazarenos
el terrible cilicio del ardor del estío.
Las noches son ardientes
y cortas cual suspiro.
Difícil es conciliar
descanso y tanto brío.
Y se rompe el descanso
con el cruel martirio
de insomnio y el canto
de incansables grillos.
En parque y plazas
de cualquier municipio
se oye los acordes
de verbenas y bailes.
Se escuchan los murmullos
y gritos de las gentes
que gustan del disfrute
de fiestas y trasnoches
Como bien tú sabes David, a mí
no me gustan los barullos y ruidos
y siempre que yo puedo me alejo
de fiestas y tumultos.
Cuánto te añoramos David,
cuánto a todos nos cuesta
llevar en nuestros corazones
el peso de tu ausencia.
Las penas y el dolor,
la añoranza y la tristeza
son antagonistas
de verbenas, tumultos y fiestas.
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