Hola
David;
Hoy hace tres años que tú
solos, muy solos nos dejaste.
Atónitos nos quedamos
mirando el gran vacío
que se abrió ante nosotros
en ese horrible instante.
Incapaces
de comprender
lo
que aconteció ese día
estando todos presentes,
estando allí delante
tú emprendiste tu camino,
muy solo;
caminando a hacia adelante
sin volver la vista atrás.
Tú te habías marchado
sin poderlo comprender,
sin saber qué ocurrió
cuando te dijimos adiós
en nosotros se afincó
para siempre,
la pena y el dolor.
Un
chico joven, lleno de vida
con su libro casi en blanco,
un
futuro y horizonte claro.
Una familia formada
con la ilusión de vivir.
El hogar, el amor, la ilusión...
pilares son; de ser feliz.
Una
niña muy pequeña
que se quedó en ese instante
se quedó sola; huérfana
de su muy amante padre.
Tres
años ya han pasado,
me parece que fue ayer,
pero qué difícil es,
acostumbrarse un ínstate,
cuando te falta una parte
de tu alma, de tu sangre.
Hijo mío, mi David ese eres,
eres tú.
Solo podemos encontrarte
en nuestros muchos recuerdos
en esos mil y un sueño,
en los que soñar contigo.
Saber que estás junto a mí.
Siempre;
caminando vas conmigo.
El
tiempo todo lo alivia,
el tiempo siempre te ayuda
a adaptarte en esta vida.
Pero no puede
ayudarte
a soportar y aliviarte
la pena y el gran dolor
de no poder abrazarte,
de no escuchar ya tu voz,
de hablarte y no contestarme.
Eso es una gran pena
y un inmenso dolor.
Porque tú, no estás conmigo
y me falta
una parte muy importante,
del mi ser y del ser yo.
Si mi amor.
Solo nos quedan de ti
tus recuerdos y nuestros sueños.
El poder pensar en ti,
en ti en cada momento
poder abrazarte en sueños
pensar que tú eres feliz,
que dejaste de sufrir.
Ese es nuestro consuelo.
Tú David. Vives en mí,
siempre y en cada momento.


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