El
30 de diciembre del año 2000, escribí estos versos al viejo Roble de
Gernika. Me gustaría saber el porqué los escribí, pero la verdad es que
lo he olvidado y tengo a bien seguro que si los escribí fue, por alguna
razón concreta ya que yo siempre escribo, casi por “encargo”. A mí me
ocurre lo mismo que a mi buen amigo Antonio Ruiz, un cordobés afincado
en Granada, un gran pintor. Siempre dice; Yo no sé pintar de memoria, siempre lo tengo que hacer con el modelo.
Y era verdad, en el comedor de mi casa hay colgado un bodegón con
frutas que fueron madurando en la realidad y en el cuadro porque así
ocurrió en el tiempo que tardó en pintarlo. A mi amigo Antonio Ruiz le
dedico esta poesía. El también es un roble viejo que va viendo pasar los
tiempos.
Tu piel llena está de heridas
Tiempos de paz conociste;
Viejo roble carcomido
EL VIEJO ROBLE.
(Al Viejo Roble de Gernika)
Viejo roble
que desperezabas
tus ramas
sobre el espacio y el tiempo,
vetusto,
nudoso y fiero,
tus ramas amenazantes
elevaban tu
copa al cielo.
Tus frutos
eran para el hombre,
esperanza y
sosiego.
Vetusto,
añojo y viejo
ya no eres
de las aves
el edén que
persiguieron.
Tu piel llena está de heridas
que
heredaste de otros tiempos,
son
cicatrices de guerras
de las
hachas y los vientos.
Viejo roble
que en silencio
has visto
pasar el tiempo.
Que vistes
días felices,
en que los
hombres contentos.
a tu sombra
ellos cantaban,
y bailaban
con alegre regodeo.
Cantaban
viejas canciones,
alegres
sones del pueblo,
canciones
que hablando dicen,
de
historias, de lances y devaneos.
Viejo roble
tú conociste,
tiempos de
terror y miedos,
en que los
hombres luchaban
al no haber
entendimiento.
Tiempo en
los que hablaron las armas
y en el
hogar los lamentos.
Campos
sembrados de sangre,
las cruces
llenó el silencio
y los
hogares el llanto
y en los
vestidos el negro.
Tiempos de paz conociste;
Sabio roble
que veías
el caminar
de los tiempos
y
contemplabas con pena
que el
enemigo del hombre;
es, siempre
su propio ego,
su avaricia
innata,
su
inteligencia e ingenio.
Viejo roble carcomido
por el paso
de los tiempos,
sabio y
majestuoso,
impasible y
ya quieto.
Qué pudieras
tú contarme
si tuvieses
con que hacerlo.
Aunque me
hablen las llagas
de tu tronco
seco y hueco,
nunca podré
yo oír
de ti tus
sabios consejos.
Viejo roble,
que a la sombra de tus ramas;
se
celebraron consejos.
Que
escuchaste hablar,
palabras que
se perdieron.
Se perdieron
entre los vientos.
Se
perdieron, en los oídos del necio.
Que
escuchaste hablar
a las armas
y al miedo.
Viejo roble
que lloraste por los hombres,
en soledad y
silencio.
Roble viejo
que a tu sombra
cobijaste
enamoramientos.
Fuiste el
mudo testigo
de promesas
que se hicieron.
Viejo roble,
cuanto admiro de ti,
tu majestad,
impavidez y denuedo.
Viejo roble
que proyectas
tu sombra de
paz,
en el recodo
del tiempo.
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