16 ene 2006

AL VIEJO ROBLE DE GERNIKA

El 30 de diciembre del año 2000, escribí estos versos al viejo Roble de Gernika. Me gustaría saber el porqué los escribí, pero la verdad es que lo he olvidado y tengo a bien seguro que si los escribí fue, por alguna razón concreta ya que yo siempre escribo, casi por “encargo”. A mí me ocurre lo mismo que a mi buen amigo Antonio Ruiz, un cordobés afincado en Granada, un gran pintor. Siempre dice; Yo no sé pintar de memoria, siempre lo tengo que hacer con el modelo. Y era verdad, en el comedor de mi casa hay colgado un bodegón con frutas que fueron madurando en la realidad y en el cuadro porque así ocurrió en el tiempo que tardó en pintarlo. A mi amigo Antonio Ruiz le dedico esta poesía. El también es un roble viejo que va viendo pasar los tiempos.
EL VIEJO ROBLE.
(Al Viejo Roble de Gernika)

 
Viejo roble que desperezabas
tus ramas sobre el espacio y el tiempo,
vetusto, nudoso y fiero,
tus ramas amenazantes
elevaban tu copa al cielo.
Tus frutos eran para el hombre,
esperanza y sosiego.
Vetusto, añojo y viejo
ya no eres de las aves
el edén que persiguieron.


Tu piel llena está de heridas
que heredaste de otros tiempos,
son cicatrices de guerras
de las hachas y los vientos.
Viejo roble que en silencio
has visto pasar el tiempo.

Que vistes días felices,
en que los hombres contentos.
a tu sombra ellos cantaban,
y bailaban con alegre regodeo.
Cantaban viejas canciones,
alegres sones del pueblo,
canciones que hablando dicen,
de historias, de lances y devaneos.

Viejo roble tú conociste,
tiempos de terror y miedos,
en que los hombres luchaban
al no haber entendimiento.
Tiempo en los que hablaron las armas
y en el hogar los lamentos.
Campos sembrados de sangre,
las cruces llenó el silencio
y los hogares el llanto
y en los vestidos el negro.

Tiempos de paz conociste;
Sabio roble que veías
el caminar de los tiempos
y contemplabas con pena
que el enemigo del hombre;
es, siempre su propio ego,
su avaricia innata,
su inteligencia e ingenio.

Viejo roble carcomido
por el paso de los tiempos,
sabio y majestuoso,
impasible y ya quieto.


Qué pudieras tú contarme
si tuvieses con que hacerlo.
Aunque me hablen las llagas
de tu tronco seco y hueco,
nunca podré yo oír
de ti tus sabios consejos.

Viejo roble, que a la sombra de tus ramas;
se celebraron consejos.
Que escuchaste hablar,
palabras que se perdieron.
Se perdieron entre los vientos.
Se perdieron, en los oídos del necio.
Que escuchaste hablar
a las armas y al miedo.
Viejo roble que lloraste por los hombres,
en soledad y silencio.
Roble viejo que a tu sombra
cobijaste enamoramientos.
Fuiste el mudo testigo
de promesas que se hicieron.

Viejo roble, cuanto admiro de ti,
tu majestad, impavidez y denuedo.
Viejo roble que proyectas
tu sombra de paz,
en el recodo del tiempo.

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