8 ene 2006

A LOS QUE NOS DEJARON. (A José Antonio mi querido primo)


Con el paso de los años no solo nos hacemos mayores. También se van quedando por el camino muchas personas que amamos. Personas, que cuando las perdimos creímos sinceramente que nunca más nos recuperaríamos de aquella gran ausencia.
Pero el paso del tiempo todo lo cura y esas heridas sangrantes se van cerrando poco a poco. Con el correr de los días, las heridas se van haciendo más y más pequeñas, quedando solamente cicatrices, las cuales no todas son iguales, ni siquiera todas ellas nos hacen recordar de la misma manera la perdida que las causo.
Esas viejas cicatrices, se marcan mucho más en estas fiestas navideñas, como las que acabamos de pasar. En fechas como estas, vuelven a sangrar, incluso, se abren de tal manera que les cuesta mucho tiempo volver a cicatrizar.
Hace mucho tiempo; unas Navidades como estas, escribí estos versos. Los dedico a todos aquellos que tenemos cicatrices en nuestros corazones por la pérdida de seres queridos.
Al finalizar de colgar estas líneas en la red, he recibido una llamada telefónica. En ella mi tía me comunicaba que acababa de morir su hijo José Antonio. José, querido primo que el Señor te tenga cerca de sí y nos consuele a todos los que quedamos en este mundo, muy especialmente a tu esposa, hijos, padres, hermana... Para que con el consuelo de nuestra fe en Cristo, sepamos cerrar la herida de tu pérdida y que la cicatriz dejada por ella, esté siempre presente en nuestros corazones. José Antonio.
Descansa en Paz.
En su honor esta foto de una sencilla flor que crece entre rocas volcánicas en el desierto de Almería. Capital en la que residías.

A LOS QUE NOS DEJARON.

Sus sitios vacíos no están ocupados,
El olor a sus cuerpos se fue marchitando,
Sus rostros queridos el pasar del tiempo
nos lo van borrando.
Sus voces, sus gritos, sus risas, sus cantos,
el silencio inmenso las va acallando.
El sonido ronco de aquellos pasos,
se fue enmudeciendo, y el correr del tiempo
los fue alejando.

¿Dónde están, qué no han vuelto?
¿Dónde, dónde se marcharon?
Sólo en mis recuerdos siguen ellos morando.

En mi mesa hay lugares vacíos,
que hace tanto tiempo que no se han llenado.
En el lecho su sitio está frío,
el olor de su cuerpo el paso del tiempo
se lo fue llevando.
Pero en mis recuerdos ellos siguen vivos,
cuando yo los llamo:

Cuando estoy feliz, ellos son felices.
Cuando yo les canto, ellos están cantando.
Cuando estoy muy triste me están consolando.
Y lloran conmigo, cuando estoy llorando.

Seres tan queridos que un día marcharon.
Marcharon muy lejos, tan lejos, tan lejos,
que nunca tornaron.
No sé dónde fueron, ni donde llegaron.
Pero en mis recuerdos quedaron grabados.

Recuerdos sus risas, sus voces,
sus gritos, sus lloros, sus cantos.
Recuerdo sus caricias, sus besos,
sus voces y abrazos.

Aunque nunca acudan en presencia física,
cuando yo los llamo.
En mi corazón, siempre están a mano.

Siempre en mí mesa hay guardado un sitio
y encima del mantel colocado un plato.
Pero en Navidad, mi corazón está triste,
está ya llorando, mi casa vacía;
¡Es que faltáis tantos!

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