Con el paso de los años no solo nos
hacemos mayores. También se van quedando por el camino muchas personas que
amamos. Personas, que cuando las perdimos creímos sinceramente que nunca más
nos recuperaríamos de aquella gran ausencia.
Pero el paso del tiempo todo lo cura
y esas heridas sangrantes se van cerrando poco a poco. Con el correr de los
días, las heridas se van haciendo más y más pequeñas, quedando solamente
cicatrices, las cuales no todas son iguales, ni siquiera todas ellas nos hacen
recordar de la misma manera la perdida que las causo.
Esas viejas cicatrices, se marcan
mucho más en estas fiestas navideñas, como las que acabamos de pasar. En fechas
como estas, vuelven a sangrar, incluso, se abren de tal manera que les cuesta
mucho tiempo volver a cicatrizar.
Hace mucho tiempo; unas Navidades
como estas, escribí estos versos. Los dedico a todos aquellos que tenemos
cicatrices en nuestros corazones por la pérdida de seres queridos.
Al finalizar de colgar estas líneas
en la red, he recibido una llamada telefónica. En ella mi tía me comunicaba que
acababa de morir su hijo José Antonio. José, querido primo que el Señor te
tenga cerca de sí y nos consuele a todos los que quedamos en este mundo, muy
especialmente a tu esposa, hijos, padres, hermana... Para que con el consuelo
de nuestra fe en Cristo, sepamos cerrar la herida de tu pérdida y que la
cicatriz dejada por ella, esté siempre presente en nuestros corazones. José
Antonio.
Descansa en Paz.

A LOS QUE NOS DEJARON.
Sus sitios vacíos no están
ocupados,
El olor a sus cuerpos se fue
marchitando,
Sus rostros queridos el
pasar del tiempo
nos lo van borrando.
Sus voces, sus gritos, sus
risas, sus cantos,
el silencio inmenso las va acallando.
el silencio inmenso las va acallando.
El sonido ronco de aquellos
pasos,
se fue enmudeciendo, y el
correr del tiempo
los fue alejando.
¿Dónde están, qué no han
vuelto?
¿Dónde, dónde se marcharon?
Sólo en mis recuerdos siguen
ellos morando.
En mi mesa hay lugares
vacíos,
que hace tanto tiempo que no
se han llenado.
En el lecho su sitio está
frío,
el olor de su cuerpo el paso
del tiempo
se lo fue llevando.
Pero en mis recuerdos ellos
siguen vivos,
cuando yo los llamo:
Cuando estoy feliz, ellos
son felices.
Cuando yo les canto, ellos
están cantando.
Cuando estoy muy triste me
están consolando.
Y lloran conmigo, cuando
estoy llorando.
Seres tan queridos que un
día marcharon.
Marcharon muy lejos, tan
lejos, tan lejos,
que nunca tornaron.
No sé dónde fueron, ni donde
llegaron.
Pero en mis recuerdos
quedaron grabados.
Recuerdos sus risas, sus
voces,
sus gritos, sus lloros, sus
cantos.
Recuerdo sus caricias, sus
besos,
sus voces y abrazos.
Aunque nunca acudan en
presencia física,
cuando yo los llamo.
En mi corazón, siempre están
a mano.
Siempre en mí mesa hay
guardado un sitio
y encima del mantel colocado
un plato.
Pero en Navidad, mi corazón
está triste,
está ya llorando, mi casa
vacía;
¡Es que faltáis tantos!
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