Siempre hay cosas que a uno le
intrigan, cosas o momentos que le impresionan; a mí entre otras muchas cosas y
momentos me impresionan; los momentos de silencio, de viento, el fuego, el… Un
vez leí no sé muy bien donde, ni tan siquiera cuando, ni a que personaje se
refería, leí. Que un sabio del cual no recuerdo su nombre, se pasaba las noches
enteras contemplando la llama de una vela. La llama de su vela tenía vida
propia, admiraba sus movimientos, sus estremecimientos, sus parpadeos, sus,
etc. Para este sabio, su llama no la movía la brisa del viento. La llama tenía
su propia vida, y se movía a su capricho.
Yo sé bien que los momentos de
silencio, ni el fuego, ni el viento, ni… tienen vida, pero siempre están
rodeados de un halo de misterio.
Sirvan estos versos al invisible
viento, ese viento vital, que sentimos, que sabemos que convive con nosotros
cada segundo de nuestras vidas, que nos penetra a cada instante y sin embargo
somos incapaces de ver.
EL VIENTO
Siento tu hálito frío pasar mi cuerpo.
Siento tu ser sutil, como te escapa entre mis
dedos,
Siento tu grito agudo en mis oídos, cual un
lamento.
Y aunque te siento por todas partes.
Viento; mirar te miro y no te veo.
¡Viento! ¿Quién te espera para que cruces
con tanto presto?
¡Viento! ¿Por qué con tus incorpóreas garras
lastimas el rostro bello?
¡Viento! ¿Quién te da fuerza en tus alas
para que seas muerte, tortura, padecimiento…?
Será quizás que Eolo, se muere.
Se muere de aburrimiento.
Quizás sea, que los querubines,
baten sus alas en el Elíseo.
¡Viento! Que feliz me siento yo,
cuando te noto y tú estás presto.
En esas tardes en que se duermen
las moscas y se escucha el silencio.
En noches de estío espeso,
cuando golpeas los rostros,
y te estrellas sobre el pecho.
¡Viento! Feliz me siento.
Cuando traes entre tus alas,
el dulce aroma de enebro.
Cuando el azahar y el jazmín,
se mezclan en tus pensamientos
y te cabalgan muy lejos.
¡Viento! Feliz me siento.
Cuando en el espejo del lago
formas tú, discos concéntricos.
Cuando las nubes galopan cielos,
sobre corceles etéreos.
¡Viento! Me siento inquieto.
Cuando en ti ruge el Cierzo.
Cuando el Poniente se hace a la mar,
y tú navegas sobre olas a mí encuentro.
Viento; sin ti, yo no sé vivir.
Y yo contigo, a veces muero.
1 comentario:
DE VIENTO... DE AIRE... DE SUSURROS DESPACITO QUE SE MECEN UNDÍVAGOS... SEGURAMENTE ERES VIENTO... COMO VIENTO TU VOZ... QUE SE HACE LIBRE EN EL SILENCIO... GRACIAS DE NUEVO...
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