2 feb 2006

EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS I


Decía no hace mucho en este mismo blog. Que si bien se llamaba, El blog de un poeta en el Camino, pocos poemas del Camino he colgado en él. Hoy quiero iniciar una serie de poemas épicos, o de baladas (cuentos, leyendas, etc.) sobre el Camino de Santiago y las peregrinaciones y como quiera que son siempre muy largo, los subiré por entregas. He aquí la primera entrega del Peregrino y el Camino de las Estrellas.
Cuenta este poema la peregrinación de un joven del Norte de Europa castigado a peregrinar a Compostela, por haberse enamorado de quien no debía y además ser correspondido.

EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS I
Introducción al Camino.
Senderos que serpentean,
bosques que deben cruzar,
ríos cruzados por puentes,
tierras que están sin arar,
otras sembradas de pan.

Viñedos y olivares, encinas y robledales
hollan los pies que peregrinando van.

Pueblos, ciudades y aldeas,
ermitas, iglesias y catedrales.
Conventos, abadías, monasterios.

Montes de escarpadas rocas,
valles de fertilidad, páramos interminables,
campos sembrados de pan.

Reliquias que venerar, milagros,
mitos, leyendas…
hacen ameno este andar.

Esta España encontraban,
los peregrinos en la época medieval,
que cruzaban la Península
para Santiago adorar.

CAPITULO I
(El Peregrino)

Un peregrino camina,
él no mira para atrás,
solo mira hacia delante,
al cielo encomendaba su andar:

Camina de noche y día,
no se quiere él parar
por el día el sol le guía,
en las noches
rezando él siempre va.

Pide una luz que le guíe
donde sus pies colocar.
El buen Padre que lo quiere
como a su hijo el que más,
le señala con una estela de estrellas
el sendero a caminar.

Salió de su casa un día
y no quiere regresar,
hasta llegar a Galicia
para su deuda saldar.
Nadie le ha dicho al romero.
Nadie le supo explicar,
que el Señor que está en los cielos
mil veces lo perdonó, ya.

La falta que él cometió
no es pecado mortal,
es una falta de amor
y el amor correspondido
no necesita perdón.

CAPITULO II
(La hospitalidad)

Camina el peregrino
nada le puede parar,
caminando va de día
la noche oscura está
los guijarros del camino
a sus pies van a parar.

El Padre que todo ve,
lástima de él sintió
y en las noches más negras
entre las oscuras nubes
las estrellas le mostró.

El frío atenaza su cuerpo,
el joven sin fuerza está,
encuentra pronto una aldea
donde pide caridad.
En Ziriquiegui halló el romero;
fuego donde, su cuerpo calentar,
una escudilla de comida,
un buen mendrugo de pan
para su hambruna saciar.
Para dormir encontró;
un mullido y calentito pajar.

Que en los pueblos de España
aún existe caridad.

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