18 feb 2006

CAMPOS DE ALMERÍA

Hace mucho tiempo que visité por primera vez Almería, desde entonces quedé prendado de sus campos, de sus pueblos y de sus gentes…
El año pasado visité de nuevo esta provincia andaluza. Recorrí sus campos andando. Visité sus pueblos. Hablé con sus gentes y aunque seguía enamorado de ella, me sentí defraudado al ver sus campos abandonados, sus cortijos en manos de extranjeros, sus pueblos llenos de un turismo ruidoso y a veces sucio. Un turismo que todo lo cambian y le quita su identidad. Me sentí cual enamorado que descubre que su amor se ve a solas con otro.
Por ello escribí estos versos.


CAMPOS DE ALMERÍA
 
Campo vacío, horizonte abierto,
tierra generosa, fértil cual el cielo.
Tierra solitaria, campos desiertos.
Hoy campos solitarios,
quizás campos muertos.
En tus campos crece el tomillo fresco.
Danzan las pitas a ritmo del viento.
El nopal se hace de tus campos dueño.
El viejo olivar sueña, con olivos nuevos.
El olivo rugoso, añoso y viejo,
en sus cicatrices cuenta años secos.
Tus campos soñando recuerdan,
y dormidos sueñan, olvidados sueños.
Tierras de Almería, campos hoy vacíos,
sin amos, ni dueños.
¿Dónde, tú te has ido? ¿Dónde?
Que yo no te encuentro.
Que yo no te he visto.
Quizás no he sabido, encontrar tus sueños.
Recorrí tus campos, caminando
por viejos senderos.
Campos hoy desiertos donde juega el sol
con su amigo el viento.
Cielos despejados de luces muy llenos
donde luna y estrellas se mecen al viento.
Tus campos abiertos hoy se van llenando
con esparto seco.
Tus campos los cubren con feos sudarios
de un blanco muy terso.
Cortijos blancos aislados y mudos.
Canjilones de norias silenciosos, quietos.
Molinos que no tienen aspa,
que no cazan vientos.
Son esos molinos que están en silencio.
Son esos molinos, que no tienen piedras,
que no muelen pan, ni tampoco pienso.
Ya no tienen aspas, están mudos, quietos.
Ya no baten aires, ya no cazan vientos.
Las norias están quietas, no giran al tiempo,
y sus cojinetes ya nunca se quejan,
están silenciosos, rajados y secos.
Sus viejos arcaduces esperan resecos
a que un día cercano vuelvan a bañarlos
en el pozo negro.

Están los molinos en las lomas quietos,
sus muelas paradas, no trituran sueños,
sus aspas están quietas, desnudas al viento.
Tus extensos campos hoy desabrigados,
tus veranos secos los vuelven desiertos.
En tus primaveras cambian, son un cielo.
Todo es color, un lindo jardín, el edén del cielo.

Tus acantilados son de un mármol negro,
de un duro granito, son rocas de fuego.
Tus playas extensas espejos del cielo,
siempre a la espera del novio perpetuo.
En tus olivares duerme el sueño eterno,
cantan en sus ramas las dulces alondras
con los mirlos negros.
Duerme andaluza tierra de mis sueño,
siempre esperando de que un labriego,
ponga una semilla y en ella injerte
sus dorados sueños.
Duermen los campos de mí Almería,
esperando un dueño.

Duerme Almería, duerme un dulce sueño,
que velan por ti la luna y el cielo.
Pero tú recuerda que al que mucho duerme,
le roban sus sueños.

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