Hace mucho tiempo que visité por primera vez Almería,
desde entonces quedé prendado de sus campos, de sus pueblos y de sus gentes…
El año pasado visité de nuevo esta provincia andaluza.
Recorrí sus campos andando. Visité sus pueblos. Hablé con sus gentes y aunque
seguía enamorado de ella, me sentí defraudado al ver sus campos abandonados,
sus cortijos en manos de extranjeros, sus pueblos llenos de un turismo ruidoso
y a veces sucio. Un turismo que todo lo cambian y le quita su identidad. Me
sentí cual enamorado que descubre que su amor se ve a solas con otro.
Por ello escribí estos versos.
Por ello escribí estos versos.
Campo
vacío, horizonte abierto,
tierra
generosa, fértil cual el cielo.
Tierra
solitaria, campos desiertos.
Hoy campos
solitarios,
quizás
campos muertos.
En tus
campos crece el tomillo fresco.
Danzan las
pitas a ritmo del viento.
El nopal
se hace de tus campos dueño.
El viejo
olivar sueña, con olivos nuevos.
El olivo
rugoso, añoso y viejo,
en sus
cicatrices cuenta años secos.
Tus campos
soñando recuerdan,
y dormidos
sueñan, olvidados sueños.
Tierras de
Almería, campos hoy vacíos,
sin amos,
ni dueños.
¿Dónde, tú
te has ido? ¿Dónde?
Que yo no
te encuentro.
Que yo no
te he visto.
Quizás no
he sabido, encontrar tus sueños.
Recorrí
tus campos, caminando
por viejos
senderos.
Campos hoy
desiertos donde juega el sol
con su
amigo el viento.
Cielos
despejados de luces muy llenos
donde luna
y estrellas se mecen al viento.
Tus campos
abiertos hoy se van llenando
con
esparto seco.
Tus campos
los cubren con feos sudarios
de un
blanco muy terso.
Cortijos
blancos aislados y mudos.
Canjilones
de norias silenciosos, quietos.
Molinos
que no tienen aspa,
que no
cazan vientos.
Son esos
molinos que están en silencio.
Son esos
molinos, que no tienen piedras,
que no
muelen pan, ni tampoco pienso.
Ya no
tienen aspas, están mudos, quietos.
Ya no
baten aires, ya no cazan vientos.
Las norias
están quietas, no giran al tiempo,
y sus
cojinetes ya nunca se quejan,
están
silenciosos, rajados y secos.
Sus viejos
arcaduces esperan resecos
a que un
día cercano vuelvan a bañarlos
en el pozo
negro.
Están los molinos en las lomas quietos,
sus muelas
paradas, no trituran sueños,
sus aspas
están quietas, desnudas al viento.
Tus
extensos campos hoy desabrigados,
tus
veranos secos los vuelven desiertos.
En tus
primaveras cambian, son un cielo.
Todo es
color, un lindo jardín, el edén del cielo.
Tus
acantilados son de un mármol negro,
de un duro
granito, son rocas de fuego.
Tus playas
extensas espejos del cielo,
siempre a
la espera del novio perpetuo.
En tus
olivares duerme el sueño eterno,
cantan en
sus ramas las dulces alondras
con los
mirlos negros.
Duerme
andaluza tierra de mis sueño,
siempre
esperando de que un labriego,
ponga una
semilla y en ella injerte
sus
dorados sueños.
Duermen
los campos de mí Almería,
esperando
un dueño.
Duerme Almería, duerme un dulce sueño,
que velan
por ti la luna y el cielo.
Pero tú
recuerda que al que mucho duerme,
le roban
sus sueños.
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